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Colombia necesita inversión: no se puede mover la economía solo a punta de gastos de funcionamiento del Estado y de reformas tributarias.
Para un país es clave estimular inversiones externas porque ayudan al progreso y el desarrollo de su gente. Parece frase de Perogrullo pero toca recordarlo en Colombia en donde alguna ministra sugería apostarle al decrecimiento. Y si bien, hoy nadie en el gobierno lo vocaliza de esa manera, lo cierto es que se ha roto mucho de la confianza y la claridad de las reglas de juego para que nuevos capitales quieran aterrizar en el país.
Al revisar las cifras del Banco de la República sobre el comportamiento de la inversión extranjera directa este año parece que el entusiasmo de los últimos años se está perdiendo. En el primer semestre se presentó una caída del 28,6% frente a igual periodo del año anterior, con inversiones que pasaron de 9.417 millones de dólares a 6.720 millones.
En casi todos los sectores económicos hay un descenso de la inversión, pero es particularmente notorio en dos renglones que antes atraían los mayores recursos externos y que ahora, como lo quiere el actual gobierno, se están marchitando: es el caso de minas y petróleo que cayeron 62% y 30%, respectivamente, en el periodo analizado.
Estas cifras son una señal preocupante porque podrían evidenciar un desgano de los empresarios en el desarrollo de proyectos energéticos en el país ante los anuncios del presidente Gustavo Petro de negarse a firmar nuevos contratos de exploración de petróleo, gas y carbón. La sola frase con la que el Presidente comparó a estos sectores con el negocio ilegal de la cocaína seguramente ha ayudado a ahuyentar los capitales+.
El jefe de Estado debe estar satisfecho porque ese era su objetivo, pero lo que está pasando con el sector minero energético debe inquietar a todos los colombianos por las nefastas consecuencias que puede tener para todos en el corto y largo plazo.
Tal vez el efecto más grave de la caída de la inversión puede ser la de perder la autosuficiencia energética de la que ha gozado Colombia. En el caso del gas, por ejemplo, en el que hemos sido autosuficientes durante 45 años, los expertos dicen que en el mejor de los casos tenemos gas solo hasta 2025. Incluso, el presidente del Grupo de Energía de Bogotá, Juan Ricardo Ortega, dijo ayer que como estamos hoy no hay gas para llegar a diciembre. La extraña lógica del presidente Petro puede llevar al país a un fuerte incremento en las tarifas de energía y de este combustible ante la inminente necesidad de importar.
Más allá de las reservas que puede tener el mandatario con las empresas y los capitales extranjeros es evidente que la inversión extranjera se convierte en un bastión de desarrollo, permite generar nuevas fuentes de empleo, aprovechar nuevas tecnologías y diversificar la economía.
Colombia sigue siendo el quinto país de América Latina receptor de inversión extranjera. Brasil es el líder absoluto con recursos que en 2023 ascendieron a 64.230 millones de dólares, seguido de lejos por México que registró una cifra récord con 36.058 millones de dólares. Argentina, por su parte, registró un crecimiento del 55% el año anterior, que puede estar motivado por la llegada de un gobierno como el de Javier Milei que es proempresa. Y en el caso de Chile, donde está un presidente de izquierda como Gabriel Boric, la inversión externa también repuntó 18,6% con 21.738 millones de dólares, siendo la cifra más alta en ocho años debido a las mayores inversiones en el sector minero.
Colombia venía en buena racha, durante dos años consecutivos, entre 2022 y 2023, registró inversiones por un poco más de 17.000 millones de dólares anuales, un gran salto que hacía recordar los montos superiores a los 16.000 millones de dólares que ingresaron al país hace una década.
El crecimiento en 2023 estuvo explicado en gran medida por los mayores impuestos que pagaron las empresas mineras como consecuencia de la reforma tributaria del 2022. La cifra de inversión extranjera en el sector el año pasado fue de 3.300 millones de dólares, un monto récord que no se había logrado ni siquiera en los momentos de precios altos de materias primas y que demuestra el golpe tan fuerte que recibió el sector con el paquete de impuestos de ese año.
En el caso del petróleo, el sector llegó a tener una cifra récord de inversión en el año 2012 con 5.451 millones de dólares y hoy apenas llega a la mitad.
Lo cierto es que el retroceso en la entrada de capitales en lo que va corrido de este año es notorio. Y si se suma a la caída en general de la inversión privada estamos ante un peligroso coctel: como señalaba Juan Daniel Oviedo, por cada $100 de inversión en el tercer trimestre de 2022, cuando Gustavo Petro asumió como Presidente, en el segundo trimestre de este año se invirtieron sólo $71, es decir un 29% menos.
Hay que monitorear cómo evoluciona este indicador en los próximos meses para saber si es momentáneo o una constante ante la incertidumbre y los bandazos económicos del gobierno.
Colombia necesita inversión: no se puede mover la economía solo a punta de gastos de funcionamiento del Estado y de reformas tributarias.