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No se puede esperar mucho más de un gobierno que paga para no matar, paga para votar y con presuntos contratos podría estar pagando para que el ELN no se levante de la mesa de negociación.
Por SOFÍA GIL SÁNCHEZ - @ladelascolumnas
“A los tres meses de ser presidente se acaba el ELN en Colombia”... casi tres años después descubrimos que el verdadero significado de la promesa de campaña de Gustavo es que el ELN al parecer “acabaría” siendo contratista del Estado.
“Emitieron un comunicado hace unos meses diciendo que volvían a los secuestros porque no les han garantizado la manutención de los hombres, mientras hablábamos de paz. ¿Y cómo se lo iban a garantizar? Pues con contratos”.
Las palabras de Olmedo López que ratifican que este es el peor escándalo del gobierno Petro... hasta ahora. Mientras el ELN se estaría beneficiando de subsidios y contratos adjudicados a dedo, la Fuerza Pública se ve cada vez más debilitada.
Cómo le explican a los niños y niñas que no pueden ir a estudiar, a la gente de los territorios más alejados que deben aislarse apenas se esconda el sol, a las madres que aún no saben dónde están sus hijos desaparecidos, que los recursos que deberían destinarse a la seguridad y el bienestar de los policías y militares se podrían estar desviando para mantener un grupo que continúa sembrando terror.
El ELN, lejos de desmovilizarse y desarmarse, utilizaría estos recursos para rearmarse y seguir operando con impunidad. Las denuncias de explosivos colocados cerca de colegios y las palabras que evocan los peores recuerdos demuestran que su accionar criminal no está cerca de acabarse. La “Paz Total” de la que habla el Gobierno Nacional tiene un precio muy alto, y no solo en términos económicos.
Es el precio del abandono a la Fuerza Pública, el precio de la confianza perdida, el peso de la inseguridad creciente y las promesas vacías. Parece que al país del olvido hay que recordarle que la verdadera paz no se consigue cediendo a los caprichos de los violentos.
No se puede esperar mucho más de un gobierno que paga para no matar, paga para votar y con presuntos contratos direccionados podría estar pagando para que el ELN no se levante de la mesa de negociación.
Gustavo, el tiempo avanza y la historia juzgará severamente a aquellos que, bajo la bandera de la paz, permiten que el terror y la injusticia prevalezcan, a los que prefieren tener contentos, a los violentos que proteger a sus ciudadanos. Es difícil olvidar a los que sacrifican la seguridad y el bienestar de la gente por promesas vacías y acuerdos oscuros.
Es un gran desconsuelo para todos los colombianos enfrentarnos a la realidad del Gobierno del “Cambio” con el que el país está peor que ayer, pero mejor que mañana.