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El Anticristo

Por el afán de salvar algo de dos años restantes, el Gobierno nombró a la antítesis de sus postulados: una persona camaleónica y de la clase política tradicional.

05 de julio de 2024
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  • El Anticristo

Por SOFÍA GIL SÁNCHEZ - @ladelascolumnas

La nueva estación del viacrucis colombiano es la designación de un ministro de Interior que defiende la autonomía de las regiones a pocas horas de que la Registraduría Nacional avalara al gobernador de Antioquia, Andrés Julián Rendón, el referendo por la autonomía fiscal.

Gustavo, su nuevo líder, construyó una carrera política sobre la crítica al establecimiento y la promesa de un cambio profundo; algo contrario a lo que él representa: un político veterano del sistema tradicional, con un historial cercano a Samper, Gaviria y Santos que difícilmente encaja con la retórica de transformación y renovación que ha promulgado.

Casi 8.000 fueron los días que Juan Fernando Cristo acompañó a Ernesto Samper. Primero, como su secretario Privado en el Ministerio de Desarrollo Económico durante la presidencia de César Gaviria. Luego, como Consejero Presidencial para las Comunicaciones, cuando este alcanzó la presidencia, acompañándolo en los días más oscuros, incluso en esa rueda de prensa de 1995, en medio de los “elefantes” que enfrentaba en su proceso.

Para convertirse en el Viceministro de Relaciones Exteriores para Europa, cuando Rodrigo Pardo era Canciller. Demostrando que los milagros sí existen, Cristo transformará sus posturas: pasando de considerar que “la constituyente es inviable, y la reelección es imposible” a ser el encargado de concretar el “poder constituyente” del Gobierno Nacional. Su evangelio deberá incluir las palabras de Groucho Marx, “estos son mis principios, y si no le gustan, tengo otras”.

Sus parábolas, pegajosas como mermelada, se predicarán por las oficinas y pasillos del capitolio nacional con el único objetivo de salvar las terribles reformas de su nuevo mesías. El presidente le confió a Juan Fernando Cristo sus más importantes reformas cuando, durante su tiempo como ministro del Interior en el gobierno de Juan Manuel Santos, su desempeño fue cuestionable, especialmente en la implementación del acuerdo de paz con las FARC y la falta de avances en la reforma política y electoral.

Por el afán de salvar algo de los dos años restantes, el Gobierno Nacional nombró en su cartera a la antítesis de sus postulados: una persona camaleónica, rodeada de escándalos y de la clase política tradicional que tanto habían criticado.

Sería paradójico que Gustavo, buscando su salvación, termine crucificado.

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