Pico y Placa Medellín

viernes

1 y 5

1 y 5

Pico y Placa Medellín

jueves

4 y 8

4 y 8

Pico y Placa Medellín

miercoles

3 y 7

3 y 7

Pico y Placa Medellín

martes

6 y 9

6 y 9

Pico y Placa Medellín

domingo

no

no

Pico y Placa Medellín

sabado

no

no

Pico y Placa Medellín

lunes

0 y 2

0 y 2

language COL arrow_drop_down

Choclito

Solo sé que Choclito me despertó el corazón y se convirtió en mi maestro: un animal que es presa en la naturaleza, que posiblemente tenía más miedo que mis monstruos y yo, pero que decidió ser mi mejor amigo.

30 de agosto de 2024
bookmark
  • Choclito

Por Sofía Gil Sánchez - @ladelascolumnas

Es extraño no escribir de política y aún más extraño es hacerlo sobre mí... o más bien, de mi mejor amigo, uno poco convencional.

Para hablar de Choclito, primero tengo que hablar de mí o de mis monstruos en el estómago. Desde los cinco años hay unos seres (mágicos y difíciles de entender) que me acompañan, desde hace 20 años tengo monstruos en el estómago o era lo que pensaba antes de conocer el término “ansiedad”.

Viví o más bien conviví con ellos, hasta que la pandemia causó que se multiplicaran. No se quedaron solo en el estómago: llegaron a aprisionar el pecho, a debilitar las manos y a nublar la mente. Y lo adopté a él... ¿Por qué a un conejo? A un ser que no mueve la cola, que no maúlla, que no es la compañía tradicional para humanos (o monstruos). Todavía no tengo la respuesta, posiblemente nunca la tendré... tal vez no fui yo la que lo elegí a él.

Solo sé que Choclito me despertó el corazón y se convirtió en mi maestro: un animal que es presa en la naturaleza, que posiblemente tenía más miedo que mis monstruos y yo, pero que decidió ser mi mejor amigo.

Cada cable, mueble o puerta mordida me enseñó de paciencia. Cada truco que aprendía me recordó la importancia de la disciplina. Cada agachada de cabeza para permitirme acariciarlo era confianza. Cada día malo en el que me perseguía me mostró el poder de la compañía. Cada que regresaba después de enojarse, gruñirme o darme la espalda, me mostraba la lealtad y el amor incondicional.

Cada aspecto nuevo que me dejaba descubrir, sin pensar si me gustaría, me reveló lo que vine a aprender en esta vida... no buscar la aprobación externa. Muy rápido las personas cercanas empezaron a hablar de nuestra relación: de la extraña conexión de una niña con su conejo.

Se sorprendían al saber que me perseguía hasta para ir al baño, que sabía chocar los cinco, que respondía a su nombre, que le encantaban las cosquillas en la cabeza (tanto que me pegaba en la pierna pidiéndolas), que se dejara poner un arnés y fuera como mi sombra en muchos lugares. Y, de la nada, alguien me habló de la importancia de su vida en la mía.

Me habló de lo mucho que me quería y lo agradecido que estaba por haberlo salvado (si tan solo supiera que él me salvó a mí), me contó que llegó al mundo para liberarme de mis cargas, a ser el reflejo de lo que siento, a defenderme de todos los monstruos. No era extraño que solo se portara mal cuando mi mente estaba oscura, sabía que era la única forma de sacarme de ella. No conozco los misterios del universo.

No sé a dónde van los conejitos cuando trascienden. Pero sé por qué su vida es más corta que la mía. Vino a enseñar, no a aprender. Y yo prometo seguir aprendiendo, prometo que mis acciones honrarán su paso por la tierra, prometo trabajar por ser la persona que él creía que era.

Choclito, me encanta escribir porque soy una fiel creyente de que las palabras se quedan para siempre (que una vez dichas o escritas, jamás se borran)... como tú, como nosotros dos.

Sigue leyendo

Te puede Interesar

Regístrate al newsletter

PROCESANDO TU SOLICITUD