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Por Rubén Darío Barrientos G. - opinion@elcolombiano.com.co

¿Basta pedir perdón?

Pedir disculpas o perdón no arregla nada finalmente, pues la falta se cometió (el daño está hecho) y no se meditó antes en evitar el mal proceder. Es fácil dañar y decir “lo siento”.

10 de agosto de 2024
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  • ¿Basta pedir perdón?
  • ¿Basta pedir perdón?

Por Rubén Darío Barrientos G. - opinion@elcolombiano.com.co

El presidente Gustavo Petro hizo notorio, en la instalación del Congreso (20 de julio último), su arrepentimiento por nombrar a un exdirector corrupto, Olmedo López, y afirmó: “Tengo que pedir perdón porque yo fui el que lo puse ahí”.

In illo tempore, el expresidente Ernesto Samper, pidió disculpas al país por haber permitido que dineros mal habidos, provenientes del cartel de Cali, hubieran ingresado a su campaña a la Presidencia, en 1994. Perdón y disculpas, con sabor a hiel.

Ni corto ni perezoso, Mancuso -el exjefe de las Autodefensas Unidas de Colombia (A.U.C.)-, hace unas semanas, ofreció un mensaje de perdón a las víctimas del conflicto armado durante una rueda de prensa realizada tras obtener su libertad por orden de la Sala de Justicia y Paz del Tribunal Superior de Bogotá. Tiempo atrás, había dicho sin sonrojarse: “Perdón de todo corazón, toda mi vida y mil veces perdón”. Puros golpes de pecho...

A su vez, Luis Alfredo Garavito, pederasta y asesino en serie de al menos 172 menores de edad y con una condena de 1.853 años, conmutada a 40 años, en plena indagatoria expresó: “Yo les quiero pedir perdón por todo lo que hice y les voy a confesar que yo maté a los que me sindican y otros más”.

No contento con ello, “La Bestia”, como se le motejaba, le pedía perdón al Todopoderoso tras cada asesinato. Era, en su sentir, su temor a Dios por sus macabros actos. ¿Y su instinto perverso? Esa era la fraseología de un asesino en serie, despiadado y cruel, que hasta habló de un pasaje bíblico (Carta del apóstol San Pablo a los Romanos, capítulo 7, versículo 15).

Entretanto, Timochenko, tras haber reconocido crímenes de guerra y de lesa humanidad, le pidió perdón a Colombia por décadas de abominable conducta de las Farc y por la zozobra que generó la abominable infamia. Dijo que “venía con la frente inclinada y con el corazón en la mano, por el enorme daño. Hablo con sentimiento de vergüenza después de haber herido en lo más profundo del corazón”. Perdones enredados en suciedades e inmundicias.

Psicólogos aseguran que ofrecer disculpas o pedir perdón, puede tener un significado vacío. Ello, no puede convertirse en un ritual mágico y sin sentido.

“Perdonar, es ante todo una promesa de olvido a cambio de una promesa de no reincidencia”, explica el español José Luis Villacañas. Una psicóloga colegiada de Cataluña dice que “si no se piensa reparar el daño y cambiar, solo se traduce el perdón en un simple cumplido”.

Si yo hago daño, pido perdón, ofrezco disculpas y me quedo en eso, estoy frente a un acto imperfecto, sin peso, ultrajante y que resulta ofensivo. Si todo fuera tan fácil, el que debe un dinero que nunca paga, y dice que reconoce la obligación, saldría en hombros.

Pedir disculpas o perdón no arregla nada finalmente, pues la falta se cometió (el daño está hecho) y no se meditó antes en evitar el mal proceder. Es fácil dañar y decir “lo siento”.

Suena a cómodo comportamiento. Petro, Samper, Mancuso, Garavito y Timochenko, expresaron un perdón de dientes para afuera. ¿Primero, no es evitar llegar al estrago? ¿O es que la palabrita, es un comodín perfumado y confortable?

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Por Rubén Darío Barrientos G. - opinion@elcolombiano.com.co

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