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¿Por qué migra la gente? Es la pregunta que deberían hacerse los líderes de las naciones de las que salen. Una respuesta convencional es que en los países del sur global hay muchas diferencias en los ingresos.
Por Rafael Pardo - opinion@elcolombiano.com.co
Cada día pasan por la frontera sur de Estados Unidos 10.000 personas. Una cifra increíble. Esta semana los migrantes se enfrentaron a la Guardia nacional en El Paso, Texas. Los migrantes eran venezolanos. Casi 360.000 migran cada año: un estimado por el paso en la frontera sur de Estados Unidos le cuesta en promedio dos mil dólares a cada uno.
Es igual en Europa. Miles de africanos migran a los diferentes países de Europa.
En Suramérica, las cosas son aún más difíciles. Venezolanos, colombianos, ecuatorianos, chilenos y de otras nacionalidades tienen que pasar por el temeroso Tapón del Darién a los que se suman cada día más haitianos y africanos y, recientemente, chinos. Cruzar la frontera entre Colombia y Panamá puede tomar tres u ocho días. Hay que recorrer más o menos 100 kilómetros. 400.000 personas lo cruzan en un año. Una tercera parte son niños. El cruce por persona cuesta más o menos doscientos dólares. En Colombia el cartel del Golfo, las llamadas Autodefensas Gaitanistas de Colombia, controlan el tráfico de migrantes, proveen los “coyotes”, término que usan los traficantes/acompañantes de las caravanas de migrantes.
¿Por qué migra la gente? Es la pregunta que deberían hacerse los líderes de las naciones de las que salen. Una respuesta convencional es que en los países del sur global hay muchas diferencias en los ingresos, desigualdades que hacen imposible la sobrevivencia.
El salario mínimo en nuestros países, al menos en Colombia, es un poco más de 1’300.000 pesos mensuales. En Estados Unidos se quintuplica dependiendo del pago de la hora con múltiples oficios disponibles y que no son mal vistos. Todo trabajo dignifica en la medida en que garantice los derechos. Y aunque los costos de vida son más altos en Estados Unidos, las oportunidades son mayores.
¿Qué hacer con la migración? No es fácil la respuesta. ¿Una respuesta transnacional? ¿Una respuesta de Estados Unidos? Sin duda debemos trabajar en una respuesta global. Pero sobre todo mirarnos el ombligo, mirar por qué nuestras naciones obligan de esta forma tan inhumana a querer dejarlo todo para poder comer, tener condiciones mínimas para atender las necesidades básicas, por qué seguimos creyendo en la retórica de populistas, mientras personas como usted y como yo, en el momento en que escribo esta columna y usted la lee, pueden estar perdiendo a sus hijos en las manos de un “coyote”, solo porque quisieron soñar con un mejor vivir.