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Lo más importante sería partir de un acuerdo que crea firmemente en la democracia, la libertad, la declaración universal de los derechos “en un planeta sano” (Naciones Unidas).
Por Mauricio Perfetti del Corral - mauricioperfetti@gmail.com
En días pasados @alvarogonzalezu solicitó en X un café entre Sergio Fajardo y Alejandro Gaviria. Paralelamente, la profesora Gloria Gallego de Eafit proponía comenzar foros para la búsqueda de convergencias, sin extremos ni odio para el 2026, mientras que Hernando Zuleta, decano de economía de la universidad de los Andes y el exministro Hommes le preguntaban al expresidente Álvaro Uribe en las charlas semanales de “Políticas Públicas” cómo hacer posible tener un solo candidato en el 2026, que represente distintas vertientes, y enfrentar así al candidato gubernamental.
El expresidente, con su habitual habilidad política, respondió que por ahora surjan nuevos liderazgos (¿estará pensando en Vicky Dávila?) “con gran respaldo popular, pues hoy no es posible una candidatura que provenga de la vieja política”. La última encuesta de Invamer señala una caída adicional de la popularidad del presidente Petro, 66.0% de desaprobación.
Es decir, hay descontento por el aumento de la inseguridad en medio de una paz total desencuadernada; por el deterioro en la atención en salud y disponibilidad de medicamentos; por los pésimos resultados del ensayo de reforma de salud aplicado al régimen de los maestros; por sonados casos de corrupción; por la amenaza eminente de falta de gas y energía; por el silencio frente a la dictadura de Maduro y el fraude en las elecciones.
A esto se suma la decepción por la endeble situación económica y fiscal del país. Esto indica que existe preocupación acerca de una posible reelección en el 2026 o un segundo período del Pacto Histórico. Por eso, distintas corrientes deberían crear acuerdos con el fin de disputar cualquiera de esas dos opciones con un candidato único. Para ello, es necesario iniciar conversaciones, foros, tejer diálogos, y tomar café con diversos actores.
Lo más importante sería partir de un acuerdo que crea firmemente en la democracia, la libertad, la declaración universal de los derechos “en un planeta sano” (Naciones Unidas). Que la generación de oportunidades, empleo y crecimiento se conciban como fundamentales para doblegar, como tarea primordial, la pobreza y la desigualdad sin “dejar nadie atrás” (ODS-UN); por tanto, la educación y la inversión en generación de capacidades deben ser una prioridad.
Se mantendrían los principios fundamentales establecidos en la Constitución Política del 91, en particular el que hace referencia al Estado social de derecho y a la libertad económica e iniciativa privada. Debería tenerse claro que la paz, el desarrollo rural y la conservación de la biodiversidad también son fundamentales para el futuro del país y el desarrollo regional.
El curso de los acontecimientos, la incertidumbre de un futuro mejor, el manoseo ideológico y acomodadizo de la concepción de democracia de Petro, el retroceso que ha traído el gobierno del cambio, así como el discurso de odio que ha instalado el presidente llaman con urgencia a crear las condiciones para ese acuerdo, donde se haga caso omiso de la vieja y terrible disputa entre la derecha y el centro; de no ser así, el futuro de nuestra democracia será incierto y como país estaríamos dando un salto al vacío.