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Cervantes dejó escrito que “el retirarse no es huir, ni el esperar es cordura cuando el peligro sobrepuja a la esperanza”. EE.UU. está en riesgo de caer bajo el hechizo de un iluminado si Biden no entiende que llegó el tiempo de la renovación.
En 2019 Joe Biden tenía 77 años y estaba en plena campaña para la presidencia de Estados Unidos. Dado que su edad preocupaba a las juventudes demócratas, su círculo íntimo de asesores hacía saber a diestra y siniestra que era inconcebible, si llegaba a ganar, que se presentara a la reelección en 2024. Al parecer no tenía el más mínimo interés en ser el primer presidente octogenario de esa nación.
Se decía en ese entonces que Biden era una buena figura de transición para derrotar en ese momento a Trump y despejar el camino a la siguiente generación de líderes, pero siendo justos, él nunca llegó a prometer que no lo haría, aunque jugó a la ambigüedad para recoger el voto de los más jóvenes.
Cinco años después, y pasado el bochorno de un debate en el que la mitad de la audiencia sintió pena ajena por el despiste y la poca fuerza en las respuestas de Biden, el presidente insiste en continuar en la Casa Blanca, a pesar de que los miembros de su propio partido han entrado en pánico por su débil actuación. Ya no están angustiados por su edad, sino por su estado de salud.
El viernes, aprovechando una reunión con un grupo de sus seguidores, hizo toda una declaración de intenciones: “Sé que obviamente no soy joven. No camino tan ágil como solía hacerlo, no hablo con fluidez como lo hacía ni debato tan bien como antes. Pero sé decir la verdad, distingo entre lo correcto y lo incorrecto y sé cómo hacer este trabajo. Y también sé, como lo saben millones de americanos, que cuando a uno lo derriban vuelve y se levanta”.
Sus palabras, sea quien sea el que las escribió, emocionan, pero no son suficientes para justificar el que siga en la lidia. Respetando su historia de vida, su quehacer en la política y su decencia como ser humano, alguien le tiene que hacer ver que ha llegado el momento de retirarse. Porque lo único que va a conseguir es que el país, y el mundo, vuelvan a quedar a merced de un personaje apocalíptico cuya madurez mental no alcanza la de un niño de 9 años.
Pero qué difícil es dar ese paso. Nadie niega que la edad aporta experiencia pero también hay que entender que todos cumplimos un ciclo y que renunciar para dar paso a otros no es un defecto de carácter, mucho menos cuando se trata del arte de la política. Sin embargo, elegir el momento adecuado para la etapa final es aún más complejo y difícil que el camino hacia el poder, porque esa intuición que señala cuál es el momento oportuno para dar un paso al costado la tienen muy pocos.
Cervantes dejó escrito que “el retirarse no es huir, ni el esperar es cordura cuando el peligro sobrepuja a la esperanza”. Estados Unidos está de nuevo en riesgo de caer bajo el hechizo de un iluminado si Biden no entiende que llegó el tiempo de la renovación.