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El inmigrante imperfecto

Lo curioso es que todo este manejo se da basado en unas leyes de 1901 que entre otras curiosidades promovían la idea de una “Australia Blanca” mediante la Ley de Restricción de la Inmigración.

14 de julio de 2024
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  • El inmigrante imperfecto
  • El inmigrante imperfecto

Por LINA MARÍA MÚNERA G. - muneralina66@gmail.com

A veces la gente se estrella con muros que no eran visibles a simple vista y el golpe es tal que quedan inmovilizados durante un tiempo. Eso fue lo que le pasó a Laura y Dante, una pareja de escoceses que reside desde hace ocho años en Australia y que supo tras nacer su hijo Luca con fibrosis quística que no se les permitiría quedarse permanentemente porque el niño podría convertirse en una carga económica para el país. La reacción de la madre fue llorar y llorar durante una semana seguida al recibir semejante porrazo.

Todos sabíamos ya de las estrictas reglas migratorias australianas e inclusive cientos de miles de personas se entretienen viendo series sobre lo que ocurre en los aeropuertos de ese país con la gente que llega. Pero tal vez no estábamos al tanto de que es uno de los pocos lugares en el mundo donde se rechazan de forma sistemática los visados de inmigrantes por sus necesidades médicas. Si una persona, tenga la edad que tenga, puede llegar a requerir cuidados por un valor superior a 57.000 dólares durante un máximo de 10 años, no hay posibilidad de que la dejen quedarse en el país.

Semejante discriminación en un país que se considera una “nación de emigrantes”, un hogar multicultural en el que los extranjeros pueden comenzar de nuevo, es chocante. Al parecer, ser discapacitado o tener una enfermedad grave son argumentos potentes para negarle la posibilidad de ese sueño a miles de inmigrantes. Por más años que lleve residiendo allí, por más arraigo que demuestre o por más útil que le haya sido a la sociedad con su trabajo, el billete manda. Si nos va a hacer gastar mucho, devuélvase para su país.

Lo curioso es que todo este manejo se da basado en unas leyes de 1901 que entre otras curiosidades promovían la idea de una “Australia Blanca” mediante la Ley de Restricción de la Inmigración, que limitaba el número de inmigrantes no blancos. Esta ley fue abolida en 1970, pero la de discapacidad sigue vigente porque consideran que es necesaria para frenar el gasto público y proteger el acceso de los ciudadanos a los servicios de salud. Tan frío como suena.

Pero es aún más inexplicable que se siga aplicando esta medida aunque la persona haya nacido en ese país, tenga seguro médico privado o incluso se pueda pagar sus gastos de salud, como ocurre en el caso de los padres de Luca. Si se considera que puede ser una carga, adiós permiso de residencia permanente.

Quienes deciden enfrentarse al sistema y dar la pelea hablan de años de lucha y desgaste, de costos altísimos y de incertidumbre constante. Algunos finalmente lo consiguen, pero parece mentira que en un país con un tercio de su población nacida en el extranjero prime un pensamiento utilitarista tan descarnado y anacrónico. Porque el mensaje que están enviando es que si no se está dentro de los estándares de perfección establecidos por ellos, no hay bienvenida posible. Y sabemos con certeza que no todos los australianos comparten semejante idea.

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