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Más humano será un robot

Reformar la educación por cumplir un requisito institucional sin debatir con responsabilidad social sobre el porqué y el para qué de educar, no vale la pena.

29 de julio de 2024
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  • Más humano será un robot
  • Más humano será un robot

Por Juan José García Posada - juanjogarpos@gmail.com

Si las señales de alerta sobre la deshumanización del sistema educativo no llaman la atención para hacer correcciones a tiempo y si la calidad no es prioritaria cuando se planea una reforma como la que está pendiente, no será equivocado pronosticar que en tiempos de la inteligencia artificial llegará a ser más humano un robot, programado con sentimientos y con una cierta capacidad para dirimir conflictos entre el bien y el mal, entre la verdad y la mentira, entre lo justo y lo injusto.

No es un disparate presumir que en un futuro cercano responderá al menos con algo de sindéresis el autómata creado con la tecnología más desarrollada, que el ser humano, de cualquier área profesional, formado con fallas tan graves que le enajenan la categoría de homo sapiens.

A esas y otras consideraciones lleva la discusión actual sobre maltratos en la especialización de profesionales, en las ciencias médicas y en otras disciplinas. Es un asunto delicadísimo, que por obvias razones tiene que tratarse con prudencia y sin tintes de efectismo sensacionalista como si se hablara de un espectáculo. Es verdad que un cirujano está expuesto a situaciones críticas por las circunstancias consabidas en que se efectúa su misión. Es la vida humana la que depende de su trabajo. Nada menos.

De ahí que las estadísticas sobre la tragedia de los suicidios sean las más altas en la admirable profesión médica. La actuación de profesores prepotentes y autoritarios, el deficiente régimen laboral y otras situaciones forman un cuadro de abusos inaceptables y evidencian la práctica habitual de signos de matoneo académico. Pero estos amenazan todas las áreas del saber, todo el proceso educativo, con la tremenda consecuencia de la deshumanización de un entorno en el cual debe primar el respeto a los seres humanos en su integridad y sus atributos, su libertad y su dignidad, sus derechos personalísimos y demás prerrogativas inalienables.

Reformar la educación por cumplir un requisito institucional sin debatir con responsabilidad social sobre el porqué y el para qué de educar, de formar seres humanos dignos, libres, sensibles ante las realidades y expectativas de la condición humana, reformar por reformar no vale la pena. Es lo que puede suceder si ese proyecto de reforma maximiza, por ejemplo, la cantidad y subestima la calidad y la llamada cobertura. Si no se origina en una seria reflexión sobre el verdadero sentido de la universidad, que desde ochocientos años atrás ha priorizado como su razón de ser, su cualidad esencial, el servicio a la humanidad. Consta en las cartas constitutivas de las primeras corporaciones universitarias de la historia de la cultura occidental, en el pensamiento del Cardenal Newman, en las tesis filosóficas de Ortega y Gasset y en la doctrina pontificia. Al país le sobra una reforma de tercera categoría, incompleta, que allane el camino para que se acrediten como seres más humanos los robots, que ya están a la vuelta de la esquina.

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