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Pero no podemos seguir el mal ejemplo del mandatario venezolano. Cuando un pueblo se pronuncia en unas elecciones limpias, la democracia obliga a respetar la voluntad del pueblo.
Por Juan Gómez Martínez - opinion@elcolombiano.com.co.
Solo a unos despistados se les puede ocurrir que, en una democracia, los resultados electorales que no favorezcan al gobierno de turno se puedan repetir. Esos despistados son López Obrador, Lula da Silva y, por supuesto, nuestro presidente Gustavo Petro. La almendra de la democracia, sin duda alguna, son unas elecciones libres.
No es admisible que, cuando esas elecciones no favorecen al gobierno de turno, se deban repetir. Es la negación de la democracia, es aceptar que Maduro se perpetúe en el mando violando el deseo manifiesto de un pueblo, es la muestra de que nuestro, en mala hora, presidente quiere también perpetuarse en el poder.
Con razón, Human Rights Watch se atreve a afirmar que lo de estos tres despistados o comprometidos con la antidemocracia, es una burla. Y dice que “en un sistema democrático, los resultados electorales deben ser respetados y divulgados, y la propuesta de repetir las elecciones no hace, sino, perpetuar una crisis ya existente”. Para los colombianos es muy preocupante que su presidente esté entre quienes piden el desconocimiento de la voluntad popular en Venezuela.
Esa actitud refleja claramente su deseo de que en Colombia pueda pasar lo mismo, cuando un pueblo descontento con su presidente de extrema izquierda pretenda perpetuar su política dentro de dos años. Si el pueblo se equivocó una vez y respetamos esa decisión de los votantes, no es razón para querer perpetuarse en el poder. Hay que respetar la decisión del pueblo venezolano, como también la del pueblo colombiano hace dos años y la del futuro.
Ya es suficientemente claro para nosotros, que un gobierno de extrema no es conveniente y, más bien, se convierte en un factor de destrucción de la nación. Nos tenemos que preparar para que, dentro de dos años, llevemos al poder a quien tenga la fortaleza y la capacidad para reorientar el rumbo de este país y recuperar estos cuatro años perdidos. Que nos sirva de ejemplo y experiencia, el error cometido en las pasadas elecciones.
Ya se mueven nombres de posibles candidatos, ya podemos conocer sus propuestas, ya vamos escogiendo al mejor y a quien reoriente una política equivocada para el desarrollo y futuro del país y de los colombianos. Pero no podemos seguir el mal ejemplo del mandatario venezolano. Cuando un pueblo se pronuncia en unas elecciones limpias, la democracia obliga a respetar la voluntad del pueblo.
Tenemos aún dos años de resignación y aceptación de una decisión, equivocada sí, pero fue la voluntad del pueblo, la única solución que nos queda, es que no nos volvamos a equivocar y llevemos al solio de los presidentes al mejor y a quien haya dado muestras de su capacidad para hacer un buen gobierno y enderezar el rumbo equivocado que llevamos.
De la mano de Dios y de la voluntad de un pueblo, llevaremos al mejor de los colombianos para que se corrija el error cometido en las pasadas elecciones.