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A los jóvenes de Colombia les digo: no tengamos miedo de soñar y ser empresarios, pero recordemos que el futuro lo construimos con esfuerzo.
Por Juan Esteban García Blanquicett - @Juangarciaeb
En Colombia, afortunadamente, contamos con grandes soñadores con los pies en la tierra, que todos los días se levantan a construir país.
En momentos en que el populismo nos empuja a odiar a los empresarios, es fundamental recordar a los verdaderos líderes que, con esfuerzo y perseverancia, trabajan por el progreso. Estos líderes no solo crean empresas, sino que también garantizan el bienestar de las familias.
Desde niño fui testigo de cómo Cueros Vélez, como otras empresas antioqueñas, transformó la vida de mi familia. Mi abuelo, un hombre de esfuerzos, dedicó su vida a esta empresa. Gracias a su labor, pudo brindarnos un bienestar que nunca hubiéramos imaginado y no solo significó para él un empleo, sino también la posibilidad de tener una vida digna y plena. Eso me inspiró a buscar mentores en figuras como los empresarios, no en personas violentas.
Mi abuelo, desde joven, aprendió de Juan Raúl Vélez, presidente de esta empresa, que el puesto en el trabajo también es un espacio para innovar y aprender. La historia de este empresario es la de un joven que, con tenacidad, se levantaba a vender correas en el centro de Medellín, enfrentando no solo el reto de abrirse camino en un mercado competitivo, sino también con fracasos personales. En muchas ocasiones tuvo que volver a empezar, superar errores y aprender lecciones difíciles, como otros empresarios lo saben. Sin embargo, su perseverancia lo llevó a convertirse en el mentor de los sueños de mi familia. Ese puede ser el mismo caso de otras de nuestras empresas.
Como dice el filósofo Séneca: “Por el sendero áspero, a las estrellas”. Esta frase captura perfectamente lo que a mi abuelo le enseñaron en su trabajo: el éxito no llega sin esfuerzo. Hoy, la empresa en donde mi abuelo se formó ha llegado a países como Chile, Costa Rica, Guatemala, México, lo que otros hoy llaman multilatina, demostrando que el talento colombiano compite al más alto nivel. Sin embargo, lo que más me impacta de su liderazgo, es la capacidad para generar oportunidades para más de 4.000 personas, que tienen la posibilidad de tener una mejor calidad de vida.
Los jóvenes debemos reconocer la importancia de contar con empresarios de este tipo. En una época en la que muchos buscan el éxito inmediato, es crucial entender que construir algo duradero requiere de tenacidad, constancia y, sobre todo, un compromiso con la sociedad. Nuestros empresarios, grandes y pequeños, nos ayudan a comprender que el verdadero liderazgo no es solo dirigir, sino inspirar a otros y ser un baluarte de confianza y progreso.
A los jóvenes de Colombia les digo: no tengamos miedo de soñar y ser empresarios, pero recordemos que el futuro lo construimos con esfuerzo. En nuestras manos está la posibilidad de hacer de este país un lugar donde todos tengamos la libertad de prosperar. Miremos a los empresarios como mentores y faros de oportunidades, no solo como actores económicos.