Pico y Placa Medellín

viernes

1 y 5

1 y 5

Pico y Placa Medellín

jueves

4 y 8

4 y 8

Pico y Placa Medellín

miercoles

3 y 7

3 y 7

Pico y Placa Medellín

martes

6 y 9

6 y 9

Pico y Placa Medellín

domingo

no

no

Pico y Placa Medellín

sabado

no

no

Pico y Placa Medellín

lunes

0 y 2

0 y 2

language COL arrow_drop_down

Marchar

Es evidente que cuando las marchas comunican claramente su mensaje y se convierten en un símbolo colectivo, los poderes establecidos están obligados —léase bien, obligados— a prestarles atención.

30 de abril de 2024
bookmark
  • Marchar
  • Marchar

Por Juan David Ramírez Correa - columnasioque@gmail.com

El valor de las marchas es muy significativo. Suena a obviedad, pero así es. A lo largo de la historia, las marchas han sido utilizadas para luchar por la igualdad, la justicia social, los derechos civiles, laborales, ambientales y políticos. Cuando se comprenden y respetan adecuadamente, han generado resultados significativos para las sociedades. El movimiento por los derechos civiles en los Estados Unidos en la década de 1960, encabezado por Martin Luther King Jr., fue un claro ejemplo. El reverendo King las utilizó como medio para lograr avances en la igualdad racial y el resultado fue la promulgación de leyes que protegen los derechos civiles de los afroamericanos.

Es evidente que cuando las marchas comunican claramente su mensaje y se convierten en un símbolo colectivo, los poderes establecidos están obligados —léase bien, obligados— a prestarles atención.

Hablemos ahora de las marchas del 21 de abril, donde más de 500.000 ciudadanos salieron a las calles en las principales ciudades del país y por más que unos hayan gritado consignas como “fuera Petro”, lo que hubo fue una expresión colectiva y civil de miles de personas preocupadas por la democracia, la salud, la violencia (que no se limita al Cauca y el Catatumbo), las reformas carentes de criterio técnico, los embelecos de la paz total... y la lista sigue.

Sin embargo, a poco más de 10 días de esa demostración de inconformidad se enfrenta a una actitud displicente del gobierno. Actitud que dice mucho de la visión sesgada que tiene el poder ejecutivo del país.

La estrategia adoptada es la de ignorarlas. Las marchas fueron Bruno... y en Colombia no se habla de Bruno. Para el gobierno anularlas es evitar que crezca esa idea preconcebida de que hay unos que buscan derrocar y atentar contra el presidente, como sugirió Petro con su habitual tono victimista. Sin embargo, al ignorarlas están olvidando que los marchantes fueron trabajadores de la salud, pensionados, sindicalistas, profesores, transportadores, artistas y miles de personas motivadas por un profundo descontento. Gente tan colombiana como ellos.

Ahí viene el punto. Petro es un personaje que recurre al efectismo basado en la aseveración de que la verdadera gracia del poder es la movilización del pueblo. Tanto así que validó e impulsó en su momento el estallido social. ¿No hubo poder movilizador —y además sin violencia— el 21 de abril? Ah, verdad: ignorar. Pero mañana Petro buscará pegarse de las tradicionales marchas del primero de mayo, cuando se conmemora el día universal de los derechos de los trabajadores, para desfogar sus acostumbradas dosis de retórica populista. Eso no está bien.

En un país donde impera el descontento y la desconfianza, lo peor que puede pasar son los oídos sordos. Hace un tiempo, refiriéndose al gobierno Duque, Petro decía: “la mayor violencia siempre proviene de un gobierno que se vuelve indolente y sordo”. No hay mucho más que decir. El asunto es simple: El poder sin la confianza de una nación no es nada.

Sigue leyendo

Te puede Interesar

Regístrate al newsletter

PROCESANDO TU SOLICITUD