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Lo que se dice para mal, pinta mal

La mención de una cesación de pagos de la deuda externa no fue solo una declaración económica. Fue abrir las puertas a las turbulencias de los mercados por falta de credibilidad.

28 de mayo de 2024
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  • Lo que se dice para mal, pinta mal
  • Lo que se dice para mal, pinta mal

Por juan david ramírez correa - columnasioque@gmail.com

Es muy complicado cuando no se mide el riesgo de las palabras. Peor todavía cuando se usan como un artilugio para influir en la percepción pública y, en última instancia, amañar el mundo a visiones particulares. Esa relación intrínseca entre lenguaje y poder, causa mucho daño.

En el contexto colombiano, las palabras del presidente Gustavo Petro resuenan con un peso particular, cargado de mucha complejidad. Todos los días hay un ejemplo del mal uso del poder de las palabras. Y digo mal uso porque lo único que invocan, como mínimo, son polémicas que enrarecen el ambiente.

Esto es preocupante por la simple razón de que está en juego el devenir de un país que se ha vuelto frágil en todos los aspectos. Si se habla de política, indefectiblemente hay una asociación con la corrupción, revelando lo propensos que somos a la gente sin ética. Si se habla de orden público, las luces alumbran la tácita orden del gobierno de que las fuerzas armadas estén quietas para no ensuciar la llamada paz total. Si se habla de economía, se evidencian los bolsillos de los aporreados, y si se habla de reformas, se tensa el ambiente por el inminente riesgo que conllevan para la sociedad. Al final, problemas por hablar tanto... y mal.

El 24 de mayo a las 8:48 a.m., las palabras se pusieron de nuevo al servicio del poder del presidente Petro y jugaron, como suele pasar, en contra del país. Sin ahondar mucho, en alusión al proyecto de cupo de endeudamiento del país que el Gobierno presentó al Congreso, Petro dijo: “Si las comisiones terceras no aprobaran el proyecto, simplemente o hay cesación de pagos o tengo que decretar la emergencia económica. No dudaré en hacerlo”.

La sola insinuación de no pagar la deuda aumentó el riesgo país. El dólar se disparó $30 y el peso se convirtió en la moneda más devaluada entre los países emergentes.

Pero la mención de una cesación de pagos de la deuda externa no fue solo una declaración económica. Fue abrir las puertas a las turbulencias de los mercados por falta de credibilidad. Un país que no paga termina excluido de los mercados financieros, pilar fundamental para financiar proyectos de inversión a largo plazo. Un país que no paga experimenta grandes devaluaciones de su moneda.

La historia muestra que los países proclives a entrar en default son los que están en guerra o inmersos en crisis económicas extremas. Por eso, amenazar con el impago soberano lleva a Colombia a parecerse a esos países que utilizaron la cesación de pagos como una táctica populista, lo cual tira al traste el manejo responsable que se le ha dado a la relación económica del país con los acreedores externos. Colombia no ha puesto en riesgo el pago de su deuda desde 1935, demostrando su estabilidad económica y capacidad de pagar a sus acreedores.

Aquí hay una clara muestra del uso de la palabra sin medir impactos, haciendo de ella una herramienta de amenaza. Como siempre, las consecuencias llegan: más desconfianza, más tensión económica, más vértigo para la esquizofrénica política y más incertidumbre para la gente.

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