Pico y Placa Medellín
viernes
1 y 5
1 y 5
Preocupante, porque la incertidumbre es una chispa cerquita al barril de pólvora que amenaza la estabilidad política, económica y social de este país y que el gobierno podría fácilmente hacer estallar.
Por Juan David Ramírez Correa - columnasioque@gmail.com
El titular anunciaba con contundencia: “La incertidumbre en Colombia está hundiendo la inversión”. El contenido del reportaje desentrañaba el complejo panorama que enfrenta el país debido a la inestabilidad política y económica, factores que están erosionando la confianza de los inversionistas y convirtiendo la inversión en algo efímero, al borde de lo quimérico.
Basta con mirar los datos del Dane. La inversión fija se encuentra en sus niveles más bajos desde 2005, representando apenas un 17,8% del PIB. ¿Las razones? Sin duda, existen argumentos macroeconómicos como el incremento de las tasas de interés y los impuestos, pero eso solo cuenta parte de la historia.
La otra parte se llama Gobierno de Gustavo Petro. El costo político y económico que ha vivido el país desde el 7 de agosto de 2022 ha sido muy fuerte y en los últimos días ha tocado fondo con el nivel de escándalos de corrupción que han salido a relucir, con el lenguaje incendiario que inicia el mismo presidente de la República y con la cantidad de amenazas contra la institucionalidad que socavan los cimientos de una democracia bien arraigada como la colombiana.
Pero más allá de eso, lo que llama la atención de este tipo de noticias es el énfasis que se le da a la palabra “incertidumbre”. Ese es el término que mejor describe el clima actual.
Un simple vistazo en motores de búsqueda en internet da cuenta de eso. Más de 30 noticias en el último mes sobre la situación política y económica de Colombia hacen eco de la “incertidumbre”.
Preocupante, porque la incertidumbre es una chispa cerquita al barril de pólvora que amenaza la estabilidad política, económica y social de este país y que el gobierno podría fácilmente hacer estallar.
Con tristeza hay que decir que las razones que llenan de incertidumbre al país parecen infinitas. Pero hablemos de unas cuantas.
En primer lugar, el embeleco caudillista de modificar la Constitución, cosa inviable política y jurídicamente y que, como propuesta es una puñalada a la institucionalidad del país.
En segundo lugar, el manejo irresponsable de recursos comprometidos en las vigencias futuras. ¿La consecuencia? Caldear los ánimos de las personas, que no entienden por qué las obras de infraestructura no avanzan. La cosa es tan simple como esto: Bogotá seguirá con su Metro enredado. Ni hablemos de la ejecución presupuestal. Eso es otra historia.
Otro más, la inseguridad en el campo y las ciudades, que ha generado un clima de temor donde se legitiman a los bandidos dejando ver el poco interés por parte del gobierno para enfrentarlos.
Por último, para no alargar el suplicio, la incoherencia que trae consigo las llamadas reformas estructurales para la vida y el camino de los trancazos escogido por el gobierno donde no importan consideraciones éticas y morales, porque el único objetivo es que salgan a como dé lugar.
Cuando el futuro es incierto y el comportamiento del gobierno raya en la esquizofrenia y lo impredecible, quedamos a merced de la incertidumbre. El resultado es la pérdida de confianza y donde no hay confianza, no hay inversión. Nadie va a meter platica para que otros se la lleven en costales y maletines. Increíble que la erudición del gobierno no vea ese axioma.