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El desvanecimiento del brillo en el ámbito internacional es una realidad y toma fuerza con la amenaza latente del rompimiento de los principios constitucionales.
Por juan david ramírez correa - columnasioque@gmail.com
“Colombia se ha apagado”. Eso dijo el exvicepresidente de los Estados Unidos, Mike Pence, y su comentario sugiere que está perdiendo la relevancia en el escenario global, donde solía ser considerada como un actor importante entre las naciones emergentes.
El desvanecimiento del brillo colombiano en el ámbito internacional es una realidad y empieza a tomar fuerza con la amenaza latente del rompimiento de los principios constitucionales y con los raros y confusos mensajes del gobierno que ponen a muchos a pensar en la viabilidad del país como una nación de principios democráticos.
Ahí hay señales de riesgo, porque las posiciones medioambientales, las posturas frente a los conflictos globales, las ideas de progresistas sin soporte técnico y la intención de hacer del presidente Gustavo Petro una figura relevante en el concurso geopolítico con tintes mesiánicos, en el fondo enrarecen los verdaderas necesidades y oportunidades que puede tener el país en el concurso geopolítico regional y global.
Tomemos, por ejemplo, la lucha contra el narcotráfico. Sin la cooperación internacional, se vuelve prácticamente imposible. Aunque replantear la política antidrogas, como quiere el gobierno de Gustavo Petro, puede abrir nuevas oportunidades de cooperación, la inacción interna, la inoperancia forzosa de las fuerzas armadas para combatir a los narcotraficantes, la caída en un 70% de las actividades de erradicación de cultivos y el aumento histórico de los sembrados de coca, sumados al control por parte de los ilegales en las regiones, llevan a la pérdida de oportunidades en una lógica de combate certero y efectivo. No en vano, el Departamento de Estado le hizo serios reparos a este gobierno al advertirle que se necesita mejorar la seguridad en los territorios, implementar la erradicación forzada y ampliar la sustitución voluntaria.
Ahora piense en la posición adoptada por Petro respecto al conflicto palestino-israelí. Más allá de una posición moral, las decisiones que se están tomando frente a Israel enredan la forma cómo Colombia se ha relacionado históricamente con los países e impactan asuntos clave para la soberanía nacional como la cooperación militar y las relaciones comerciales. No más con un trino, el presidente anunció la suspensión de exportaciones de carbón a Israel, que representan $650.000 millones al año en impuestos, regalías y contribuciones, de los cuales más de $100.000 millones van directamente a La Guajira y Cesar. Las razones se basan en su posición moral y apoyo a Palestina, pero representan también un incumplimiento a un compromiso de libre comercio firmado con dicho país.
Todo esto lleva a reflexionar sobre el papel que Colombia solía desempeñar en el escenario internacional, donde ganaba confianza gracias a su compromiso con la defensa de la democracia frente a amenazas como el narcotráfico y el terrorismo. Sin embargo, en la actualidad, resulta difícil identificar cuáles son los valores que estamos defendiendo y hacia dónde nos dirigimos. Lo cierto es que esa luz que solíamos proyectar al mundo parece haberse apagado.