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Saltémonos la guerra civil

Saltémonos la guerra civil. Aunque suene iluso - muy iluso - logremos un gran acuerdo nacional. Todavía es posible. Se necesita grandeza e inteligencia de todos los líderes políticos. Y no solo de ellos. De todos.

17 de mayo de 2024
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  • Saltémonos la guerra civil
  • Saltémonos la guerra civil

Por JUAN CARLOS MANRIQUE - jcmanriq@gmail.com

En los últimos días en la conversación pública ha resucitado con mucha fuerza la referencia de una posible guerra civil, como un riesgo no tan lejano. Se dice rápido. Muy rápido, pero su alcance es devastador. Es paradójico. Como si no fuera suficiente los eternos, permanentes y caudalosos ríos de sangre, violencia fratricida y sufrimiento que han brotado desde nuestras montañas hasta nuestros valles.

Vale la pena entonces, por ejemplo, hacer un breve recorrido por la guerra civil española, con lo simplista que puede llegar a ser, de hecho lo es, en un espacio tan corto. Para tal propósito me puse en la tarea de leer el fantástico libro “La historia de España” de Joseph Pérez.

Alrededor del 17 de julio de 1936, tres conceptos aparecen con mucha fuerza en los preámbulos del estallido de la guerra española. Desconfianza, violencia verbal e intranquilidad. Desconfianza sobre el juego democrático y sobre las instituciones. Desconfianza de los diferentes. Violencia verbal, que siempre es la chispa de la violencia física. Palabras cargadas de ideologías, odios y fanatismos que se convertían en balas feroces para deshumanizar a los que pensaban de otra manera. E intranquilidad por el futuro, que cerró los escenarios a uno solo. La lucha terminaría aniquilando a la otra mitad.

Y así, con unos antecedentes que se remontan a los albores del siglo XX, estalló un experimento que apuñaló el alma de España, del que todavía no se ha recuperado. Con tristes aprendizajes y profundas cicatrices.

El 1 de abril de 1939, Francisco Franco publicó: “En el día de hoy, cautivo y desarmado el ejército rojo, han alcanzado las tropas nacionales sus últimos objetivos militares. La guerra ha terminado”. En realidad, nunca terminó, aunque los historiadores así lo reseñan. Se inició una nueva guerra. La de la España de Franco de 1939 a 1975. Que, como todo régimen dictatorial, pudo tener luces, pero sin duda, también enormes sombras.

Superada la dictadura, en la transición a la España democrática, aparecieron personajes de la talla de Adolfo Suárez y Felipe González, quienes, entre otros, lideraron una transición por consensos. Eso que llamaríamos hoy el gran acuerdo nacional. Se pagó un precio muy alto por lograr la menos imperfecta de las reconciliaciones posibles. Con el entorno de la constitución de 1978, se abrió un espacio para volver a creer en la democracia. Entre 1982 y 1996, los socialistas pudieron liderar la llegada de una mayor justicia social sin alterar los equilibrios económicos y democráticos. Con todos sus defectos, pero igualmente con todas sus bondades la democracia liberal fue clave en la transición española. Algunos todavía anhelan que el faro hubiera sido más bien la democracia republicana.

Muchos aprendizajes de esta y otras guerras civiles. De las nuestras y de las de los otros. Nunca entenderemos su verdadera dimensión destructiva. Nunca queda piedra sobre piedra. Nunca hay ganadores. Solo perdedores.

Por eso, saltémonos la guerra civil. Aunque suene iluso - muy iluso - logremos un gran acuerdo nacional. Todavía es posible. Se necesita grandeza e inteligencia de todos los líderes políticos. Y no solo de ellos. DE TODOS.

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