Pico y Placa Medellín
viernes
1 y 5
1 y 5
En el país de las leyes y de los abogados, nos falta mucha cultura para evitar la contaminación acústica. Con la contaminación acústica, se vulneran muchos derechos. Estamos en mora de hacer una profunda reflexión.
Por JUAN CARLOS MANRIQUE - jcmanriq@gmail.com
Se deberían crear los premios a los que más ruido hacen. Y se podrían entregar en una ceremonia especial, en absoluto silencio, cada 29 de agosto, día internacional contra el ruido.
Los ganadores podrían ser muchos. Premio a los pasajeros. Qué agradable es estar en un vuelo Bogotá-Medellín, con alguien en el asiento de atrás oyendo a todo volumen, sin audífonos, un buen vallenato. Si la cosa se complica, el menú incluye una ilustrativa canción de reguetón. Ni que decir en otros medios de transporte público. El caos del sonido contaminante por los decibeles de las redes sociales de los diferentes pasajeros.
Premio a los vecinos. Su música desde tempranas horas. Sus tremendas y frecuentes parrandas son un esfuerzo por cuidar a la comunidad. O sus mascotas ladrando en una oda eterna gregoriana. El premio mayor podría ser para los establecimientos de comercio – Restaurantes, bares, discotecas, gimnasios, puntos de venta de carros y motos— y su idea equivocada que entre más ruido hacen con parlantes que invaden el espacio público, más atraen clientes.
Fuera de categoría están los conductores pitando cuando el semáforo hasta hora está en amarillo y las construcciones y remodelaciones en horarios no permitidos. La lista de premios a entregar es infinita. Por eso aplaudo la iniciativa del representante Daniel Carvalho, quien lidera en el congreso, un proyecto de ley denominado “Ley contra el ruido”. La iniciativa busca orquestar desde el Estado un mapa integral de estrategias contra el ruido.
Según informes como el de la Red Colombiana de Ciudades y su programa Cómo Vamos, ciudades como Bogotá, Medellín, Cali y Cartagena son de las más ruidosas del país. Por ejemplo, el 61% de los bogotanos están insatisfechos con el nivel de ruido de la ciudad. En Medellín y el Valle de Aburrá, el 48% de los ciudadanos opinan que el ruido es un problema ambiental prioritario. Y según los estudios de la Organización Mundial de la Salud, para 2050 está previsto que haya casi 2.500 millones de personas con algún grado de pérdida de audición y que al menos 700 millones requieran rehabilitación. Es decir, en el mundo, 1 de cada 4 personas tendrá problemas auditivos. Claro, esta nueva pandemia, no tiene sus causas única y exclusivamente en el ruido excesivo y permanente, pero sin duda es una de las principales causas.
En el país de las leyes y de los abogados, nos falta mucha cultura para evitar la contaminación acústica. Con la contaminación acústica, se vulneran muchos derechos. Por eso, estamos en mora de hacer una profunda reflexión sobre la cultura del ruido y del silencio. Sobre su impacto en la salud de los demás. Sobre su impacto en el ecosistema. Podrán como siempre expedirse muchas leyes, pero sin una verdadera cultura ciudadana, cada vez nos oiremos menos, si es que alguna vez nos hemos oído.
Aprendamos mucho de Estonia. La población de esta joya oculta europea, es la que menos contaminación acústica tiene que aguantar de todo el planeta. En Estonia se pueden oír y, sobre todo, pueden oír a la naturaleza, al mundo, a los cambios y al futuro.