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Sobre turismo y más

El turismo es una buena entrada económica, pero hay que ordenarlo. No se trata de que lleguen a visitarnos, sino saber a qué conllevan esas visitas y cómo influyen en lo local. Es seguridad.

06 de julio de 2024
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Por José Guillermo Ángel R. - memoanjel5@gmail.com

Estación Descontrol, al que llega todo tipo de gente, unos para tomar el sol y salir como chicharrones, otros para darse una idea de lo que los locales comen, los más para ir por ahí y sacarle partido al viaje, sea a través de promotores turísticos que llevan a hombres y mujeres (niños, ancianos, gordos, flacos) a sitios que consideran de valor cultural y gastronómico (lo que implica que el turista ya sabe a qué se somete y por cuánto tiempo), o por medio de otro tipo de empresas especializadas en nomadismo digital o en asuntos de la Deep Web, pues los que se mueven por el mundo son de variados intereses y algunos buscan emociones fuertes y no visitar iglesias y museos, saber de santos milagrosos o encontrarse con la historia. Y en estos que llegan las divisas fuertes abundan y lo que para ellos es barato, para los locales se encarece, pues los precios son siempre al mejor postor (al que paga con dólares y de paso viendo que no es caro) y no a lo que la realidad demanda, que es pagar con pesos salidos de un salario. Pero bueno, si no es la inflación, es el turista quien encarece.

Después de 1950, el turismo se volvió un asunto de masas y España, por ejemplo, logró que los visitantes equilibraran el problema de su falta de industrialización. Llegaba un dinero cash y fácil, y el retorno de la inversión era cosa de pocos días. Hasta aquí todo bien. El ejemplo lo copiaron otros, ya usando la naturaleza como gancho o restaurando edificios viejos (castillos, iglesias, mezquitas) para que el visitante viviera la historia y lograra una educación de más. Nada mal. Crecieron los sectores de artesanías, conciertos, libros ilustrados para llevar a casa, hotelería, ecología, elementos fotográficos y ropa para viajar. Todo en orden: una buena entrada para los países viejos y para los nuevos con naturaleza en buen estado. Pero...

Lo que era una empresa nueva (moverse por el mundo para después recordar), comenzó a mercadear sectores que no eran los del turista común. Se ofrecieron las zonas rosas (un eufemismo para placeres y emociones fuertes), apartamentos que no tenían el control de los hoteles, guías de pecadores porque hay gente a la que le gusta andar con el diablo, nómadas digitales (váyase a saber eufemismo de qué). Y es este último turismo, el del nuevo “turista”, el que ha encarecido zonas residenciales y ha desordenado formas de vivir. Mallorca, Paris, Nueva York, Málaga, Medellín, Cartagena, la misma Venecia con sus canales, están protestando contra este turismo que se sale de madre y lo ejerce gente de gustos raros.

Acotación: El turismo es una buena entrada económica, pero hay que ordenarlo. No se trata de que lleguen a visitarnos, sino saber a qué conllevan esas visitas y cómo influyen en lo local. Es seguridad.

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