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Nos encontramos para enfrentarnos y no para dialogar. Nos encontramos chocándonos, culpándonos y no viéndonos. Y si, en calidad de mito maníacos, el encuentro amplía el desencuentro”.
Por José Guillermo Ángel R. - memoanjel5@gmail.com
Estación Treffen (que en alemán traduce Encuentro o encontrarse) a la que llegan los que quieren parar a otros pero los paran a ellos, los que diseñan estrategias de frenado pero chocan, los que construyen muros ideológicos y desde ahí lo miran (o minan) todo, los que llegan con la esperanza de ganar y salen con la frustración de haber perdido, los que hacen mapas barrocos y dibujan angelitos soplando en todas las direcciones, los que llegan tarde y entonces no hay entrada, los que se unen para después separarse cuando aparece la codicia, los proyectos de enamorados que cargan con avisos de quiero que me quieran, los que no saben qué está pasando y se echan la bendición, los que están ahí juntos pero ya no se conocen debido a tanta mentira que han dicho, los que van por emociones y del cielo pasan al infierno, los que han ganado y ahora el problema es sostenerse, en fin, encontrarse implica que ahí está otro, no se sabe si cierto o inventado, si razonable o delirante, si con alientos o a punto de caerse, si amigo o enemigo (cosa que con los pactos cambia), etc. Y bueno, el hecho es que...
Los viejos pescadores del país vasco, cuando entraban al mar y ya apenas veían las costas, rezaban el ángelus, pues de ahí en adelante llegaba lo imprevisto y las aguas podrían ser cambiantes, lo mismo que los cielos. De esto habla Pio Baroja en un hermoso cuento corto, sin saberse si a partir de esa línea de mar narrada, en la que todavía se veían las mujeres en la costa y, volteando la cara, un horizonte mutante, se llegaba a un buen o mal final. Y parece que en esto estamos, parados en una línea que divide lo seguro de lo inseguro, lo confiable de la total desconfianza. Y lo que sigue a partir de ahí, depende del ángelus y de las previsiones para la incertidumbre.
Es claro que nos estamos encontrando (Manuel Castells habla de la aparición de la solidaridad) y en estos encuentros se conforman bloques políticos y económicos, emocionales y racionales, unos unidos por la desesperación (las políticas desbocadas) y otros reunidos para cambiar los viejos mapas, lo que incluye agresiones, invasiones, mentiras que llegan al delirio y esperanzas que, al no cumplirse, se destruyen a sí mismas. Y esto se debe a que nos encontramos para enfrentarnos y no para dialogar. Nos encontramos chocándonos, culpándonos y no viéndonos. Y si, en calidad de mito maníacos, el encuentro amplía el desencuentro.
Acotación: Ya la guerra no es fría, sino que se hace lo posible para que hierva. Y en estos hervores y vapores, se fomenta el odio, el desencuentro radical y las acusaciones al otro, que es el chivo emisario de quien lo acusa. Y si, nos encontramos y el encuentro genera miedo y vientos.