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Y en este surrealismo mágico, América Latina es una especie de circo político dirigido por derechas e izquierdas oportunistas, que son un criadero de acusaciones y paranoias.
Por José Guillermo Ángel R. - memoanjel5@gmail.com
Estación No se Sabe, pues es tan absurdo lo que pasa que todo lo que llega parece fruto de una nueva droga (tal vez la contaminación, rastros de la vacuna) que delega las funciones de la razón a cualquier delirio. Y bueno, a este absurdo creciente y deforme llegan electores furiosos que se mezclan con vándalos en las protestas, pues toda furia social la aprovechan los delincuentes y los dañinos, la redes que viven del revoltijo y los viejos odios renovados. Llegan voces que gritan y lloran, gobernantes que se entrometen en los asuntos de sus colegas y se insultan entre ellos, noticias que se fundan en supuestos y dan por verdades cualquier imaginario, gente que amenaza con emigraciones delirantes para asustar a otros países, dirigentes que se atornillan al poder y para sacarlos de allí habría que acabar con todo el sistema, incluyendo el edificio, la silla, los hombres sí, etc. Y a esto hay que sumarle brujos y conjuros, la santería nigeriana, los que se van yendo al escondido, los exilados que profetizan lo peor y viven de ello, y las guerras marginales que no se acaban, pues el asunto es (como dicen por aquí) acabar hasta con el nido de la perra.
El realismo mágico, que nació de una exposición de fotografías en París a la que asistieron Miguel Ángel Asturias y Alejo Carpentier (que se asombraron con esas fotos que mostraban el espíritu de la vida en el Caribe y entonces escribieron sobre ello), hoy ha sobrepasado los colores y la fantasía, la gente que vuela y los dictadores eternos, para convertirse en un surrealismo mágico que se desborda, superando novelas, cuentos y pinturas, Un surrealismo que va más allá de René Magritte y Luis Buñuel, el Papillon de Henry Charriere y Yo el supremo de Augusto Roa Bastos, sin dejar por fuera al Gran burundú, burundá ha muerto, ese desfile delirante imaginado por Jorge Zalamea.
Y en este surrealismo mágico, del que acaba de hacer parte la inauguración de los Juegos Olímpicos en París, Ucrania se ha ido convirtiendo en un solar de desperdicios, Palestina en un desierto pedregoso, el Banco Mundial en una burla, la OTAN en una especie de doctor Frankenstein que busca destruir su propio monstruo, Putin en un arsenal apocalíptico y América Latina en una especie de circo político dirigido por derechas e izquierdas oportunistas, que más que ideologías son un criadero de acusaciones y paranoias. Y ahí vamos, todos pisando sobre caliente y bailando un pasodoble.
Acotación: Con un Trump enardecido y un Biden olvidadizo, una España colipoterra (la palabra es de Camilo José Cela), inmigrantes que ya ni saben a qué van y rusos que del comunismo solo les quedó la corrupción, las redes alimentan suposiciones, mentiras, esquizofrenias y rencores. Y de este nido con huevos de serpiente, se informa la gente, para más surrealismo de mala magia.