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Se dice que leer con juicio exige tiempo, pero es más el tiempo perdido navegando en redes que inflan la información y solo alimentan mentiras.
Por José Guillermo Ángel R. - memoanjel5@gmail.com
Estación Irreflexión, a la que llegan los que rayan libros y después no miran lo que rayaron o resaltaron, los que leen a toda velocidad enterándose solo del episodio y no de lo que contiene entre líneas (esta es la trampa de la lectura rápida), los que se saltan capítulos para llegar al final y entonces lo argumentado se da de improviso y sin saber por qué, los que solo leen títulos y reseñas y creen que con esto es suficiente para opinar, los que engordan la biblioteca con libros que no leen (lo que ya es una manera de silenciar a los autores), los que buscan la opinión de la Inteligencia Artificial y con esto se bastan para que las cosas sean así y no de otra manera, los que critican escritores sin haberlos leído (muy común en nuestro medio), los que se burlan de los clásicos porque eso es cosa de viejos que van perdiendo la memoria, los que se dan aires de no aceptar más que lo que saben alegando que lo demás no existe, los que creen que los libros enloquecen y entonces por salud mental no los leen, en fin, libros hay pero lectores buenos pocos, para satisfacción del sistema.
Los totalitarismos, sin que importe la ideología, se han dedicado a quemar libros, perseguir escritores y censurar bibliotecas. Y esto lo hacen porque un lector cuidadoso y reflexivo, que busca causas claras y efectos que lleven a ver el mundo tal como es y no como los intereses políticos buscan que sea, es un tipo peligroso, cuestionador de situaciones y no alguien que se deje llevar por emociones y menos por la algarabía ambiente, tan dada a leer datos y análisis youtuberos, sueltos y al azar, como pasa cuando el zorro entra en el gallinero o se pisa un hormiguero.
Los lectores buenos, que siempre han sido pocos (leer es un ejercicio de libertad), saben leer acotando, es decir, poniendo notas alrededor de la lectura, reflexionando acerca de lo que leen y confrontando lo leído con lo que pasa, pues no hay pensamientos y hechos únicos sino en relación con otros. Así, leer es una continuidad, un antes y un ahora, un yo entre la alteridad y un estar en diversos lugares que evitan la alienación, el odio enloquecido y todo esto que pasa ahora, que es una sopa de emociones que hunde toda razón y coloca la irreflexión por encima de toda lógica. Pero bueno, ahí está la irreflexión, ese baile en el que todos se pisan.
Acotación: Se dice que leer con juicio exige tiempo, pero es más el tiempo perdido navegando en redes que inflan la información y solo alimentan mentiras, propaganda pura y emociones que desfiguran la realidad que se encuentra o prefigura en un buen libro, lástima que para leerlo se requiera saber leer y esto, parece, se está olvidando.