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La gente sabia es filántropa (ama la humanidad), se hace preguntas para responder a lo complejo y estudia, trabaja y construye seguridad para otros.
Por José Guillermo Ángel R. - memoanjel5@gmail.com
Estación Ejemplo, a la que llegan los que reconocen y aprenden del trabajo de otro, los que admiran la inteligencia y colaboran para que sea más amplia, los que saben que todo tiene una causa y un efecto y entre esta y aquel hay que ir encontrando datos para compartir, los que oyen para aprender y discuten para completar, los que preguntan para obtener más certezas, los que se asombran con los mundos paralelos de los hombres de ciencia y de bien (que unen el humanismo a las tareas científicas que ejecutan), los que saben que saben que el otro es un camino y lo siguen para cuidarlo, los que buscan un maestro para no equivocarse y ojalá igualarlo y superarlo, los que entienden que la ética del otro es el secreto de su seguridad, los que construyen a partir de bases probadas, los que no buscan usar al que les enseña sino trabajar a su lado, los que evitan la mezquindad y la envidia y optan por el aprendizaje, los que trabajan en equipo y el equipo es el que gana. En fin, hay gente que hace la fila en orden y así no se pierde. Lástima que sea tan poca.
La gente sabia no es solo la que sabe sino la que tiene sabiduría, es decir, la que aplica el saber a lo humano sin buscar más reconocimiento que ver al otro bien. Y si ha logrado entender lo que hace, este hacer lo relaciona con las distintas circunstancias que tocan con hombres y mujeres, con la economía del compartir y la seguridad de estar creando una sociedad más sana. La gente sabia es filántropa (ama la humanidad), se hace preguntas para responder a lo complejo y estudia, trabaja y construye seguridad para otros. Y aquí esta su sabiduría: lograr lugares en paz en el mundo y acierto en el conocimiento.
Esta semana murió un hombre sabio, Francisco Lopera Restrepo, que trabajó en este asunto tan complicado que es la memoria, la principal, que es estar en el mundo y poder reconocerlo sin confusiones. Hace un par de años murió Ángela Restrepo Moreno, la bióloga y experta en ópera, pero en realidad no han muerto porque tras ellos queda su trabajo impecable, el ejemplo humano de su conducta, la pasión del investigar para el bien de otros y la sabiduría del trabajar juntos para alcanzar resultados efectivos. Y su manera de hablar, sin más pretensiones que dar confianza al otro. Gente sabia esta, a la que se honra cerrando los ojos y viéndolos ahí en ese camino que construyeron. Dan ganas de abrazarlos.
Acotación: sobre 36 justos de todas las naciones se sostiene el mundo, dice el Talmud. Y estos justos, que son sabios, crean la contraparte a las sociedades violentas. Y estas sociedades no pueden nada contra ellos, pues son la humanidad que resiste.