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Sobre el diablo de cada día

Y en este diablero, los ciudadanos sobreviven en medio de la contaminación ambiental, los precios sin regulación, los gobernantes que se insultan, el miedo a más inmigrantes y la psicosis propiciada por noticias falsas.

10 de agosto de 2024
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  • Sobre el diablo de cada día
  • Sobre el diablo de cada día

Por José Guillermo Ángel R. - memoanjel5@gmail.com

Estación Infierno, a la que antes llegaban las almas de los pecadores, pero ya parece que el lugar no existe en el más allá (creo que lo cerró el papa Juan Pablo II) y, para equilibrar, algunos lo han situado entre nosotros para no perder la idea y sentir de veras dolores, aflicciones, arrepentimientos, miedos y sustos. Y bueno, aquí llegan los que abren la boca y escupen palabras falsas y acusaciones, los que dicen tomar una decisión para salir en la foto y aplican lo contrario a lo dicho, los que se atornillan en el poder y en la oposición (y todo es como un juego de bolos), los que recurren a brujerías y se les viene el ensalmo encima, los que alimentan las redes de especulaciones atroces y los que creen en ellas, los que dicen que el diablo si existe, pero va cambiando de cara; en fin, la fila de los endiablados es larga, pues contiene acosadores, opinadores basados en emociones, analistas que suman como Don Quijote, agregando más de la cuenta; gente enferma que ve el mundo enfermo (las cosas son como uno se siente) y etc. Siendo el Etc., la agenda mutante informativa y desmemoriada.

Según los occidentales, el diablo es uno (Satanás si es malo, Lucifer cuando era un ángel), pero como los orientales tiene crías, sean demonios, duendes, dibuks, que son miríadas y con estas hace de las suyas en la política, la economía y el diario vivir. Claro que, según la leyenda, el arcángel Miguel hizo del diablo el Príncipe de las Tinieblas, arrancándole a este una esmeralda que tenía en la frente y contenía todo el conocimiento, dejándolo ignorante, tanto que ni sabe que es el diablo. Pero parece que la tal esmeralda se reprodujo y de nuevo el diablo se las sabe todas, aunque bien que mal debido al golpe que le propició Miguel.

Así que de fragmentos del diablo (sino del diablo entero) estamos llenos: iras, olvidos, desmesuras, envidias, mezquindades, eufemismos, censuras, fraudes en dinero y en votos, deseos insatisfechos, codicias, criaderos de enemigos, falsas informaciones, ignorancias crecientes y planeadas, adicciones electrónicas e infiernos ampliados del Dante que ya hasta compiten en las olimpiadas con símbolos engañosos y cromosomas equivocados. Y en este diablero, los ciudadanos del común sobreviven en medio de la contaminación ambiental, los precios sin regulación, los gobernantes que se insultan, el miedo a más inmigrantes y la psicosis propiciada por noticias falsas, chismes de red y revistas mal intencionadas y delirantes. Muchos diablos, es claro, en lo mejor de su oficio.

Acotación: que el diablo exista a no, es lo de menos. Con saberle el nombre ya lo inventamos y se usa para que haya miedo, justificar lo terrible y crear un ambiente de tensión que lleva, si nos descuidamos, a catarsis diablescas, depresiones y mucha desconfianza. Lo peor.

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