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Cuando una masa o un individuo se desordenan, cuando caen en la fantasía que nace del creerse superiores, aparece la carencia de educación ciudadana, el fracaso de la entidad familiar y el exceso de esperanzas que llevan a la frustración.
Por José Guillermo Ángel R. - memoanjel5@gmail.com
Estación El Otro (también llamada Sí Mismo), a la que llegan los que no saben qué les pasa y actúan en desorden, los que se han educado y siguen normas para ser humanos, los que ya están deshumanizados y lo pregonan amenazando y pasando por encima de los demás, los que explotan por cualquier cosa y es como si los hubieran pescado con un anzuelo torcido, los que no reconocen más que lo que piensan y el otro siempre está equivocado, los que sacan lo más salvaje de sí mismos si algo le pasa en contra, los que buscando un objetivo no temen destruir lo que hay a su paso, los que se asustan viendo lo que pasa y se encogen, los que solo buscan emociones y segregar adrenalina, los que la hacen y después culpan a otros, los que creen que son enciclopedias y ejercen la toxicidad, los que se suponen inteligencias superiores y braman, los que, desordenando, se creen más hábiles que los demás; en fin, a esta estación llegan las infancias vividas, la educación recibida, las frustraciones y los delirios. Y como si nada.
Alfred Adler, el psicoanalista del carácter, habla de la sicología individual en términos de un yo mismo en el que el inconsciente crea fantasías partiendo del complejo de inferioridad y el afán de poder. Y en esto fantasioso, donde la cultura pierde su calidad de control, aparece la plebe y, con esta, los desmanes frente al otro y los ordenamientos establecidos (lo que llamamos civilización), llevando a situaciones en las que el comportamiento deshumaniza a tendencias freudianas), enloquecer es fácil si la familia y la educación no han creado un carácter para vivir en orden, entender variaciones y relacionarse con el otro en términos de que es ese otro quien nos hace posibles.
Cuando una masa o un individuo se desordenan, cuando caen en la fantasía que nace del creerse superiores (la inferioridad es la base), lo que aparece es la carencia de educación ciudadana debida, fracaso de la entidad familiar y exceso de esperanzas (deseos) que llevan a la frustración. Y sin carácter (que no es poder, sino entendimiento de lo que pasa), sin fundamentos de civilización, todos errores son posibles. Y esto es lo que vemos, cantidad de gente sin ningún carácter asaltando estadios, pasando fronteras a la brava, dirigentes que se creen dioses y toda una contracultura sin inteligencia que coloca a los individuos por debajo de los animales, que al menos calculan.
Acotación: la pasión, pregonada a lo largo de la sociedad del espectáculo (del ridículo), ya no es ese querer saber algo para entenderlo, sino la catarsis que se hace del vivir mal, del estar mal dirigidos, y de la necesidad de gritar (y actuar) como locos para hacerse fotos y videos.