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En “Madurolandia” no hay más reglas que las que dicta su califa, que ha vuelto a adelantar la Navidad, como en 2019, 2020 y 2021, para regar antes de tiempo a los barrios más depauperados con las migajas del expolio estatal, en un intento de mantener a sus cada vez más escasos seguidores.
Por Humberto Montero - hmontero@larazon.es
En Venezuela los renos se asfixian desde octubre y nieva vaya usted a saber qué antes de tiempo. Los burritos sabaneros salen de romería desorientados con dos meses de antelación y los abetos de plástico se llenan de guirnaldas cuando apenas se acaba el verano, si es que existe a los pies del Caribe.
Y sobre todo hay crucifixiones por doquier, las de los líderes opositores que, como mártires, van cayendo uno detrás de otro en las garras de la temida Dirección de Acciones Estratégicas y Tácticas (DAET), sucesora de las Fuerzas de Acciones Especiales (FAES), supuestamente desmanteladas en junio de 2022 para aparentar la distensión preelectoral que siempre precede a la tempestad postelectoral de las tiranías caribeñas.
Un acontecimiento cíclico como los huracanes, los cambios de nombres en los organismos represores -de la Dirección de los Servicios de Inteligencia y Prevención (Disip) al Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (Sebin)- y, hasta ahora, la Navidad. Y es que en “Madurolandia” no hay más reglas que las que dicta su califa, que ha vuelto a adelantar la Navidad, como en 2019, 2020 y 2021, para regar antes de tiempo a los barrios más depauperados con las migajas del expolio estatal, en un intento de mantener a sus cada vez más escasos seguidores.
“Huele a Navidad gracias a que cerramos el mes de agosto con buenas perspectivas económicas. Voy a decretar el adelanto de la Navidad para el 1 de octubre. Arranca la Navidad el 1 de octubre con paz, felicidad y seguridad”, inventó el califa. Ni que decir tiene que la Conferencia Episcopal de Venezuela rechazó el uso político de las celebraciones religiosas, aunque el anuncio no implique ningún cambio real en las fechas legalmente festivas, sino únicamente en la decoración típica navideña en espacios públicos y en la entrega de dádivas.
Quizá Maduro aproveche para liberar a más “barrabás” de las cárceles para incorporarlos a su guardia pretoriana, compuesta de asesinos, torturadores, sicarios y demás hampones de la peor calaña y seguir encarcelando en el Helicoide a los líderes opositores y los jóvenes contestatarios sometidos, tanto ellos como ellas, a agresiones físicas, violaciones y demás tropelías propias de un régimen al que ya solo apoyan sus iguales: Cuba, Rusia, China y Nicaragua, las peores tiranías del planeta, respaldadas por exmandatarios hundidos en el descrédito, como el expresidente español Zapatero. Veremos si la adelantada Navidad trae consigo el “vía crucis” del electo presidente venezolano, Edmundo González, sobre el que pesa una orden de detención emitida el 2 de septiembre por una Corte venezolana.
Por ahora, el presidente González Urrutia ha rechazado el exilio, como desearía la satrapía caribeña, y se mantiene oculto dentro del país.
Pero en “Madurolandia” todo es posible, desde la entrega de colombianos a Rusia al arresto de quien ganó por goleada las pasadas presidenciales, un hecho que ya nadie discute, salvo Zapatero y cuatro sicarios extranjeros del régimen, así que no demos nada por sentado en un país donde la Navidad es cuestión del politburó, no de la Iglesia.