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Sirva este ejemplo para acallar las voces de los odiadores de siempre. Los mismos que no pueden soportar que la mayoría de vascos y catalanes celebraran la victoria de la Selección de España en la Eurocopa.
Por HUMBERTO MONTERO - hmontero@larazon.es
Habrán visto ustedes que dos jugadores vascos han sido los que han llevado a España a conquistar su cuarta Eurocopa, convirtiendo al combinado español en el más laureado de esta competición por delante de Alemania. Iñaki Williams, delantero del Athletic Club de Bilbao y de ascendencia ghanesa, y Mikel Oyarzábal, punta de la Real Sociedad de San Sebastián, nos llevaron a la gloria, lo que para los más radicales separatistas les convierte en “traidores”.
Algo parecido les ha ocurrido a los muchos jugadores catalanes con la jauría “indepe” de su región. Deberían todos conocer que sin el resto de España se morirían de hambre. Veamos un solo ejemplo. Cataluña y el País Vasco necesitarían un aluvión de trabajadores, como en los años del desarrollismo, para que sus hipotéticos sistemas de pensiones independientes fueran sostenibles.
Así pues, una ruptura de la caja única de la Seguridad Social solo podría perjudicar a los pensionistas catalanes y vascos, entre los más beneficiados por el sistema, por otro lado. Una ventaja que se acrecentará en las próximas décadas ante el galopante envejecimiento en estos territorios, especialmente el proyectado para el País Vasco.
De hecho, Cataluña necesitaría nada menos que 524.630 afiliados adicionales a los 3.585.848 con los que cerró 2022, según el barómetro de las pensiones del Instituto Santalucía, con lo que no sería suficiente activar a los 376.800 desempleados con los que cerró ese año. Y eso sin contar las pensiones no contributivas.
Porque de las 452.203 pensiones de jubilación y de invalidez no contributivas que hay en España a abril de 2024, tras Andalucía (con el 20% del total), figura Cataluña, con el 14,5% (65.826 pensiones). De hecho, Barcelona es la provincia con más pensiones de jubilación e invalidez no contributivas (46.672 pensiones), el 71% de todo Cataluña. El País Vasco, con 89.300 desempleados, debería realizar un esfuerzo muy superior, ya que necesitaría incrementar un 44,7% su cifra de afiliados, añadiendo 439.466 a los 982.496 con los que concluyó 2022.
Solo Andalucía necesitaría un esfuerzo mayor en términos nominales que Cataluña, ya que debería sumar 645.263 ocupados a sus 3.272.336 afiliados, un incremento del 19,7%, dos veces inferior al del País Vasco. En este caso, Andalucía ni siquiera necesitaría importar trabajadores, ya que le bastaría con activar a sus 765.600 desempleados para que sostuvieran con su trabajo las pensiones actuales.
A finales del año 2022, el nivel de endeudamiento de la Seguridad Social superaba los 106.000 millones de euros, lo que representa el 7,88% del PIB, y casi cuatro veces la deuda acumulada a finales de 2017, que apenas superaba los 27.000 millones.
Aunque las prestaciones no contributivas se financian íntegramente mediante impuestos generales y, por tanto, no generan déficit a la Seguridad Social, la financiación de las contributivas debería proceder de forma casi exclusiva, como corresponde a un sistema de reparto, de las cotizaciones sociales que pagan los trabajadores (tanto la cuota de empresa como la del trabajador forma parte de la remuneración de asalariados en Contabilidad Nacional como salario diferido).
Sirva este ejemplo para acallar las voces de los odiadores de siempre. Los mismos que no pueden soportar que la mayoría de vascos y catalanes celebraran la victoria de la Selección.