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Por Federico Hoyos Salazar - contacto@federicohoyos.com
Luis Gilberto Murillo fue uno de los pocos políticos moderados que sobrevivieron a los dos cambios de gabinete del presidente Petro, cuando se deshizo de ministros centristas y de formación técnica. Tratando de ver lo mejor de esta situación, la permanencia de Murillo, primero como embajador ante Estados Unidos y después como canciller, en reemplazo del radical ministro Leyva, fue percibido como un remanente de sensatez en la composición del gabinete. Sin embargo, todo esto se ha ido esfumando, y el canciller pasó de ser una de las voces reflexivas del gobierno a la personificación de una de las posturas más insensatas, en cuanto a la postura de Colombia frente al régimen venezolano.
Una reciente entrevista del periódico El Tiempo al Canciller, permite ver el nivel de relativismo ético y legal al cual han llegado el presidente y el Canciller. Frente a una pregunta sobre el reconocimiento del gobierno a Maduro una vez se posesione, el Canciller dice que ya llegará el momento de tomar una decisión y que “uno de los planteamientos de Colombia es que se fortalezca la democracia”. ¿Democracia? Juan Carlos Delpino, uno de los rectores del Consejo Electoral de Venezuela (CNE) dijo en entrevista a medios colombianos que no había existido “hackeo” a las elecciones, como alegó el régimen.
El Centro Carter, único veedor internacional de las recientes elecciones venezolanas, afirmó que: “no podía verificar o corroborar los resultados que dieron ganador a Nicolás Maduro”. ¿De cuál fortalecimiento de la democracia habla Murillo? No hablemos de los cientos de capturados por protestar contra el régimen, la limitación a los medios de comunicación de informar y de la reciente salida del opositor Edmundo González hacia Madrid por amenazas a su vida y libertad por parte del régimen.
Cuando se le pregunta al Canciller si cree que en Venezuela hay democracia, responde: “Bueno, acaban de hacer elecciones”. ¿Será que el Canciller considera que la democracia se limita al ejercicio electoral? ¿Es esa su visión sobre el asunto o es lo que han acordado decir desde el gobierno nacional? Con la aceptación de la existencia de un sistema democrático en Venezuela, el Canciller implícitamente está reconociendo a Maduro. Entre los temas discutidos en la entrevista, se discute la visita del excanciller Leyva a Caracas, en donde visitó a Maduro, lo abrazó y dijo estar jugando un papel como mediador.
El Canciller Murillo defendió la visita de Leyva, dijo que el gobierno ve esa “interacción en función de lograr la paz y el entendimiento con buenos ojos”. ¿Puede un ciudadano sin cargo oficial interactuar con quien dirige otro país e intermediar? ¿En nombre de quién hace estas gestiones? ¿A quién le rinde cuentas? A pesar de estos interrogantes, el Canciller ve con buenos ojos que esto suceda. Reitero que el nombramiento de Murillo en Washington dio tranquilidad, también que su llegada al Ministerio de Relaciones Exteriores generó estabilidad en medio de nombramientos en otras carteras de personas sin las competencias necesarias y de tono incendiario.
A ese político que además tiene una historia de servicio a Colombia desde la Gobernación del Chocó y el Ministerio de Medio Ambiente, vale la pena preguntar: ¿abandonará los principios de la democracia por defender a un dictador? ¿Seguirá mancillando su carrera pública al servicio de un régimen que la mayoría de los colombianos rechazamos? ¿Pesa más un proyecto político personal que la búsqueda de la estabilidad en Venezuela que a su vez es la de Colombia? Ojalá la sensatez prime sobre la ambición.
Ver, leer, escuchar: El libro, Cómo avanza Colombia, del exministro de Hacienda, Mauricio Cárdenas. Un llamado para recuperar decisiones de gobierno con fundamento técnico y audacia.