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Llamaría así, “masacre martirial”, a un martirio colectivo, como este de las carmelitas francesas de Compiegne, en que fueron decapitadas con la guillotina 16 monjas carmelitas el 17 de julio de 1794.
Por Ernesto Ochoa Moreno - ochoaernesto18@gmail.com
Llamaría así, “masacre martirial”, a un martirio colectivo, como este de las carmelitas francesas de Compiegne, en que fueron decapitadas con la guillotina 16 monjas carmelitas el 17 de julio de 1794. Las religiosas francesas, exactamente un día después de la fiesta de la Virgen del Carmen, subieron al cadalso junto con 24 personas condenadas más, entre los cuales algunas empleadas del convento. La superiora, madre Teresa de san Agustín, para servir de consuelo y apoyo a sus hijas, pidió y obtuvo ser la última en ser ejecutada.
La escritora alemana, Gertrud von Le Fort (1876-1971) publicó en 1931 la novela “La última en el cadalso” (Die letze an Shaffott), que después sirvió de inspiración para que el novelista francés George Bernanos (1888-1948) escribiera su obra de teatro “Dialogos de Carmelitas” (Dialogue de Carmelites), escrito el año de su muerte y estrenada póstumamente en 1952.
Es bueno recordar que el martirio de las carmelitas de Compiegne, y con base en el trabajo de Bernanos, sirvió al músico francés Francis Poulenc (1889-1963) para componer una ópera y, ya en el cine, para una película dirigida por el sacerdote belga Raymond Bruckberger (1907-1998) y el fotógrafo Philippe Agostini (1917-2001), con la actuación de reconocidos actores, como Jeanne Moreau, Aida Valli, Madeleine Renard y Pierre Brasseur.
En un artículo mío sobre el episodio que nos ocupara, escribí esto: “El 17 de julio de 1794 las religiosas carmelitas fueron llevadas a París y a las 6 de la tarde, montadas en carretas fueron trasladadas al cadalso. La superiora, madre Teresa de san Agustín, pidió y obtuvo, para poder dar valor a sus hijas, privilegio de ser la última en morir. Se colocó en la base del patíbulo con una estatuilla de la Virgen, que todas besaron antes de subir al cadalso. Entonó el “Veni Creator” y con esa melodía de fondo se llevó a cabo la liturgia del martirio, de esa masacre martirial de la Revolución Francesa.
En la novela obra de Gertrud von le Fort y en le obra teatral de Bernanos, la joven novicia Blanca de la Forte tiene miedo. El temor la hace huir a la hora de ser detenida, pero reacciona, asume el miedo, supera la cobardía y regresa al lugar de las ejecuciones. Fue la última en el cadalso. Pidió que le pusieran por nombre religioso sor Blanca de la Agonía. Y en sus labios el tajo de la guillotina apagó la melodía del canto gregoriano que acompañó como música de fondo el martirio de las Carmelitas de Compiégne. A ellas encomiendo yo este país nuestro de las masacres y, por lo tanto, tan lleno de mártires.