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Los ismos de la corrupción

Populismo, caudillismo, fanatismo, mesianismo... Los “ismos” de la corrupción. Se le podría añadir, también, por supuesto, otros “ismos” como comunismo, capitalismo...

13 de julio de 2024
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  • Los ismos de la corrupción
  • Los ismos de la corrupción

Por Ernesto Ochoa Moreno - ochoaernesto18@gmail.com

Se suele atribuir a santo Tomás la frase “Corruptio optimi, pessima”, que sería en español: la peor corrupción es la de lo mejor, la del mejor. Por eso será que hay tanto escándalo cuando se destapa un caso de corrupción y uno ve que el protagonista (a quien no nos atrevemos a calificar de delincuente) es alguien a quien teníamos por santo, un prohombre inmaculado, tan bueno que no mataba una mosca. Se destapa un escándalo de corrupción y salta un monstruo, el más impensado.

Aquí viene la que yo he llamado la teoría de los monstruos: cría monstruos y te comerán las entrañas. Llega un momento en que los excesos y las desmesuras del poder o de la ambición se salen de control y se da a luz un monstruo insaciable. Que acaba devorándolo todo y a todos, empezando por sus creadores y por quienes le han rendido culto abiertamente o al escondido.

La corrupción, pienso yo, es un pecado personal, una falla individual de ética. Pero, mirados los hechos desde un ángulo político y partidista, la corrupción responde a varios “ismos”, que me atrevo a enunciar.

El mesianismo, por ejemplo. No hay corrupción sin mesianismo. Los seguidores de un mesías político o de cualquier otra índole acaban por romper los diques de la ética y la moral para honrar y dar gusto a su diosecito corrupto.

También el fanatismo, bajo el que se camufla una adhesión política obtusa y enardecida que hace perder la cordura y ayuda a crear el reino de la corrupción, con la bendición de lo alto. Cualquier maniobra criminal es válida para áulicos y paniaguados que no buscan sino dar halago al caudillo por encima de verdades y racionalidades.

Y, por supuesto, hacen parte de la corrupción, aunque la niegan, los que engrosan el rebaño del populismo y se despeñan por los desfiladeros a que conducen los dictadores y autócratas.

-Populismo, caudillismo, fanatismo, mesianismo... Los “ismos” de la corrupción. Se le podría añadir, también, por supuesto, otros “ismos” como comunismo, capitalismo... Y conservatismo. Y liberalismo. Todos los partidos, aunque no terminen en “ismo”, ya que ninguno puede tirar la primera piedra. Y por último el más ofensivo de los “ismos”: el cinismo. Ese cinismo con el que los poderosos corruptos se ríen de nosotros.

No lo olvidemos: la peor corrupción es la de los mejores, la de los buenos. De esos buenos entre quienes podríamos incluirnos muchos. Tú y yo también. Y no pongamos cara de yo-no-fui.

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