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Populismo, caudillismo, fanatismo, mesianismo... Los “ismos” de la corrupción. Se le podría añadir, también, por supuesto, otros “ismos” como comunismo, capitalismo...
Por Ernesto Ochoa Moreno - ochoaernesto18@gmail.com
Se suele atribuir a santo Tomás la frase “Corruptio optimi, pessima”, que sería en español: la peor corrupción es la de lo mejor, la del mejor. Por eso será que hay tanto escándalo cuando se destapa un caso de corrupción y uno ve que el protagonista (a quien no nos atrevemos a calificar de delincuente) es alguien a quien teníamos por santo, un prohombre inmaculado, tan bueno que no mataba una mosca. Se destapa un escándalo de corrupción y salta un monstruo, el más impensado.
Aquí viene la que yo he llamado la teoría de los monstruos: cría monstruos y te comerán las entrañas. Llega un momento en que los excesos y las desmesuras del poder o de la ambición se salen de control y se da a luz un monstruo insaciable. Que acaba devorándolo todo y a todos, empezando por sus creadores y por quienes le han rendido culto abiertamente o al escondido.
La corrupción, pienso yo, es un pecado personal, una falla individual de ética. Pero, mirados los hechos desde un ángulo político y partidista, la corrupción responde a varios “ismos”, que me atrevo a enunciar.
El mesianismo, por ejemplo. No hay corrupción sin mesianismo. Los seguidores de un mesías político o de cualquier otra índole acaban por romper los diques de la ética y la moral para honrar y dar gusto a su diosecito corrupto.
También el fanatismo, bajo el que se camufla una adhesión política obtusa y enardecida que hace perder la cordura y ayuda a crear el reino de la corrupción, con la bendición de lo alto. Cualquier maniobra criminal es válida para áulicos y paniaguados que no buscan sino dar halago al caudillo por encima de verdades y racionalidades.
Y, por supuesto, hacen parte de la corrupción, aunque la niegan, los que engrosan el rebaño del populismo y se despeñan por los desfiladeros a que conducen los dictadores y autócratas.
-Populismo, caudillismo, fanatismo, mesianismo... Los “ismos” de la corrupción. Se le podría añadir, también, por supuesto, otros “ismos” como comunismo, capitalismo... Y conservatismo. Y liberalismo. Todos los partidos, aunque no terminen en “ismo”, ya que ninguno puede tirar la primera piedra. Y por último el más ofensivo de los “ismos”: el cinismo. Ese cinismo con el que los poderosos corruptos se ríen de nosotros.
No lo olvidemos: la peor corrupción es la de los mejores, la de los buenos. De esos buenos entre quienes podríamos incluirnos muchos. Tú y yo también. Y no pongamos cara de yo-no-fui.