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ELN: paz nacional y paces territoriales

Evidentemente, allí también se requiere una precisión del nivel de problemáticas hacia las cuales se debe remitir esa participación social.

09 de septiembre de 2024
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  • ELN: paz nacional y paces territoriales
  • ELN: paz nacional y paces territoriales

Por Alejo Vargas Velásquez - vargasvelasquezalejo@gmail.com

Se ha planteado un discurso en los últimos tiempos, que no sólo confunde, sino que además genera una ruta por la cual no se va a lograr consensuar la paz: que ya la paz con la insurgencia guerrillera no se debe ocupar de los temas y problemas nacionales, sino de los problemas territoriales y se confunde, intencionadamente o no, la discusión y los acuerdos sobre el contenido de las grandes políticas nacionales, con la implementación de soluciones locales a temas territoriales, lo que han denominado algunos la ‘paz territorial’. Y en esto es fundamental diferenciar las insurgencias guerrilleras nacionales persistentes –de las cuales sin duda la más clara es el ELN, como lo fueron en el pasado el M-19, las FARC-EP, el EPL; las otras están por precisarse- con los grupos o disidencias territoriales que han existido en muchos momentos y cuya perspectiva no va más allá de los problemas locales o regionales y cuyo horizonte para terminar su enfrentamiento armado, se agota en lo local o regional. Y por supuesto de los grupos de crimen organizado, últimamente llamados grupos de multicrimen de alto impacto. Acá vuelve a tomar relevancia la diferenciación en la caracterización de los diversos grupos armados en el ámbito extra institucional.

Adicionalmente se crea otra confusión con la participación de la sociedad, porque no se clarifica si ella se ocupará solamente de la definición y priorización de problemas regionales o locales y la forma o modalidad como se irían a abordar por el Estado –nacional, regional y local-, que se asemeja a lo que ahora denominan la paz territorial, o si esa participación igualmente se ocupará de la discusión y definición acerca de los temas nacionales, junto con las dos delegaciones de las partes en la Mesa de Conversaciones. Pero evidentemente, allí también se requiere una precisión del nivel de problemáticas hacia las cuales se debe remitir esa participación social.

Retomar el funcionamiento de la Mesa de Conversaciones es fundamental, pero para que ello se haga restableciendo la confianza en la misma, se deben clarificar los puntos en discordia: a vía de ejemplo, hubo efectivamente algún acuerdo entre las partes –escrito o no y en qué momento- acerca de que el gobierno sacaría al ELN de la lista de los GAOs, si lo hubo pudo tratarse de una equivocación de los delegados del gobierno porque se afirma que eso no es posible en el actual marco legal, lo cual es posible –todos los humanos podemos equivocarnos-; luego reconociendo en la Mesa la equivocación las partes pueden encontrar alguna fórmula para superar ese impase; similar sucede con el tema del abandono del secuestro por el ELN, la delegación de esa insurgencia se comprometió a eso claramente o fue sólo una oferta de un ejercicio temporal de abandono de esa práctica delincuencial; una vez clarificado esto se puede encontrar fórmulas para superar ese impase. Pero aclarándose mutuamente que hubo o malentendidos o incumplimientos de acuerdos y que deben aclararse para volver a restablecer la confianza.

Solo así la Mesa vuelve a cobrar viabilidad, no es invocando que se trata de un gobierno de tal o cual naturaleza.

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