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El listado de acciones contra la infancia de esta guerra incluye asesinatos y mutilaciones, secuestros y cercos militares que impiden el acceso de niños y niñas a la salud más urgente”.
Por David E. Santos Gómez - davidsantos82@hotmail.com
Dice James Elder, portavoz de Unicef, que la Franja de Gaza es, desde octubre, el peor escenario posible para la infancia que ha visto en sus veinte años de trabajo con la agencia de las Naciones Unidas. Nada de lo vivido alrededor del mundo —entre guerras y hambrunas y catástrofes naturales— aclaró, podría haberlo preparado para las imágenes de muerte y desolación que componen el terreno de una guerra en la que 8.000 infantes han perdido la vida. “La intensidad de los ataques, el número masivo de víctimas infantiles, la desesperación y el pánico de la gente que se desplaza, gente que ya no tiene nada, es palpable. Es un desastre humanitario sobre otro desastre humanitario”, dijo Elder. Coincide con lo narrado por un médico de la zona: “camino sobre cadáveres de niños, cargando niños heridos que trato de salvar”.
La Franja de Gaza es la materialización al día del juicio final. Así lo etiquetó un periodista de la BBC que tuvo que huir de la zona norte del territorio palestino mientras las bombas del gobierno de Benjamín Netanyahu arrasaban sin miramientos todo a su paso. Igual casas que escuelas, emisoras que hospitales. Decenas de hospitales. El reportero, que ya había perdido un hijo por bombardeos en el 2012, insiste en que evacuó tan rápido como pudo para evitar otra pérdida. Su destino, ordenado por el mismo gobierno de Israel, es el sur, una zona que no es mucho mejor, colapsada sanitariamente en medio de campos de refugiados que malviven en las ruinas.
El listado de acciones contra la infancia de esta guerra incluye asesinatos y mutilaciones, secuestros y cercos militares que impiden el acceso de niños y niñas a la salud más urgente. En conjunto, esa enumeración que duele incluso escribir, es la radiografía más nítida posible del fracaso de la política humanitaria a estas alturas del siglo XXI.
La mancha quedará impregnada por décadas en todos aquellos gobiernos que callan y más aún en los que la defienden como el costo necesario de un enfrentamiento bélico. Es la desgraciada idea del daño colateral llevada a su máximo cinismo. La transformación de la muerte de miles de inocentes en cifras y porcentajes que pueden ser explicadas e, incluso, justificadas, por los portavoces de los ejércitos.
Mientras se celebraba la navidad y se festeja el fin de año las bombas aumentan su ritmo. Los generales aprovechan el espíritu de las vacaciones para arreciar su campaña pues saben que medio mundo prefiere mirar para otro lado. Muchos insisten en que no es esta una época para leer o ver o escuchar sobre tragedias. Si no vemos, piensan, no existen.
Dice Elder que los deseos de amor y buena voluntad no tienen entrada hoy en Medio Oriente. En el mismo lugar en el que se originó la tradición que hoy se festeja, hay un millón de niños cuya vida se trastornó para siempre.