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Voces que siguen hablando

Mi primer libro fueron tres novelas cortas en el género policial, del que hoy abomino. Lo hice en mes, sin pensar en la literatura, aunque sí en la diversión y el dinero.

23 de agosto de 2024
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  • Voces que siguen hablando

Por Diego Aristizábal Múnera - desdeelcuarto@gmail.com

Esta semana ocurrió algo insólito, algo que el mundo de los libros suele regalarnos para hacernos felices y devolvernos la esperanza. Apenas me senté en el metro, vi que el joven que estaba en frente leía un libro. Como tengo el vicio de ver qué leen los demás (así, en silencio y discretamente, me he encontrado con grandiosas recomendaciones), intenté leer el título que estaba en posición vertical.

La palabra en blanco decía: “Operación”, la segunda en rojo: “Masacre”. ¡Imposible!, pensé, “Operación Masacre”, el libro de Rodolfo Walsh que se adelantó a lo que años más tarde, cuando se publicó “A sangre fría”, de Truman Capote, sería llamado el ‘nuevo periodismo’, historias reales contadas con procedimientos propios de la novela.

Digamos que la lectura de esta obra en el metro tampoco tendría que parecernos raro, lo insólito es que cuando me senté yo estaba a punto de abrir los “Cuentos completos” de Rodolfo Walsh, editados por Ediciones de la Flor, una editorial que ha recuperado, por fortuna, todo lo que escribió Walsh.

Así que en ese vagón, relativamente vacío, que dos personas estuviéramos leyendo a este escritor argentino, tan lastimosamente olvidado, sí me pareció sorprendente. Me pregunté en qué parte del relato iría, si ya habría pasado esos momentos de incertidumbre cuando no saben para dónde van los retenidos, o si esos ojos, que no miraban a nadie, ya estaban viendo los fusilamientos clandestinos de esa “Operación Masacre”, que ocurrió en 1956.

Abrí mi libro para disimular el asombro: “Me llaman Rodolfo Walsh. Cuando chico, ese nombre no terminaba de convencerme: pensaba que no me serviría, por ejemplo, para ser presidente de la República”. Luego agrega: “La idea más perturbadora de mi adolescencia fue ese chiste idiota de Rilke: si usted piensa que puede vivir sin escribir, no debe escribir.

Mi noviazgo con una muchacha que escribía incomparablemente mejor que yo me redujo a silencio durante cinco años. Mi primer libro fueron tres novelas cortas en el género policial, del que hoy abomino. Lo hice en mes, sin pensar en la literatura, aunque sí en la diversión y el dinero. Me callé durante cuatro años más, porque no me consideraba a la altura de nadie. Operación Masacre cambió mi vida”.

Este párrafo resume muy bien lo que sentiría toda la vida, Walsh, años más tarde, su silencio vendría porque él creyó que hacer política en ese momento en Argentina era un proyecto más valioso que hacer literatura, aunque nunca dejó de lamentar el no poder concluir una novela.

En 1977 la dictadura militar argentina lo asesinó, lo desapareció, pero como suele pasar con esas voces que la barbarie silencia, ellas mismas se encargan de seguir hablando, de decir cosas, así sea en el metro de Medellín. “El verdadero cementerio es la memoria”, Rodolfo Walsh sigue vivo.

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