Pico y Placa Medellín
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La necesidad de tener más bosques nativos cerca, de sembrar más en esta ciudad desbordada de enormísimos proyectos inmobiliarios sin un plan evidente de desarrollo ambiental.
Por Diego Aristizábal - desdeelcuarto@gmail.com
¿Qué es lo que no entendemos? Son clarísimas las bondades de la naturaleza, de caminar por el campo, de sembrar plantas, de tener árboles cerca. Incluso no hay que hacer muchas investigaciones para concluir que siempre será mejor caminar un rato a través de la naturaleza, por algún bosque, que por una ciudad plagada solo de edificios, congestión, ruido y caos.
Pero esto que es tan sencillo de entender, al parecer no lo es y las opciones naturales de muchos barrios, que podrían sembrar árboles o dejarlos crecer para dar frescura y disminuir el calentamiento global, no se ven.
Por lo visto, la tendencia de muchas de las administraciones de edificios, la moda que lastimosamente impera en tantas cuadras de Medellín, es volver los árboles, que pudieran ser grandes e imponentes, como “bombones de pollo” o cubos tan bien podados que uno solo puede compadecerse de esas especies que no dan sombra, no permiten la diversidad y, más que embellecer los frentes de los edificios, los afean.
Cada que pienso en esto, en cómo la responsabilidad de un jardín o el cuidado de la naturaleza no se le puede dejar a alguien que no le importe morir asfixiado, me acuerdo de una novela de Tomás González, “Las noches todas”, donde el protagonista, cansado de la ciudad, compra un pedazo de tierra y empieza a reflexionar sobre cómo será el jardín perfecto.
“En nuestras regiones, por razones obvias, la jardinería es bastante diferente de la de zonas de estaciones y, en mi opinión, por estas latitudes es la selva la que debería dar la pauta. La selva húmeda tropical y la selva húmeda de tierra templada. Sin embargo, la tendencia era a imitar los jardines de los países llamados desarrollados, y se los imitaba aún más en las tierras altas y frías, en la capital, por ejemplo, olvidándose de plantas nativas, como los amarrabollos, los nazarenos y otras clases de sietecueros...”.
Por eso la necesidad de tener más bosques nativos cerca, de sembrar más en esta ciudad desbordada de enormísimos proyectos inmobiliarios sin un plan evidente de desarrollo ambiental, Ciudad del Río es un ejemplo, lastimosamente siguió siendo una zona “industrial” a pesar de que ahora es más residencial, y los proyectos siguen queriendo alcanzar las nubes en todo sentido. Y como este, hay más en otras zonas de esta Medellín que, poco a poco, deja de ser del verde intenso que fue su encanto por tanto tiempo.
Hagan un ejercicio muy simple: caminen por una cuadra repleta de árboles frondosos y luego por otra escasa de árboles, no hay que hacer ningún estudio para saber cuál nos genera mayor placidez, cuál nos acoge mejor. Como dice el mismo Tomás en otro de sus libros, “Niebla al mediodía”, “la poesía no se escribe para los que saben. Se escribe para todo el mundo”.
Pienso que hacer de este mundo un lugar más verde está al alcance de todos; por eso hay que cuidar lo que tenemos y sembrar y dejar ser al imponente árbol como si fuera nuestro gran tesoro.