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Si bien el escenario de cero emisiones netas es una utopía, lo que si es cierto es que la sustitución de combustibles fósiles muy seguramente implicará una reducción importante en el consumo de petróleo en el futuro.
Por David Yanovich - opinion@elcolombiano.com.co
¿Es posible que el planeta esté llegando al tan mentado punto del peak oil? Sí, lo es. Es cada vez más probable que el planeta esté presenciando el punto en el que el consumo de petróleo comience a caer, en lugar de seguir subiendo.
Por un lado, se ha aumentado de manera significativa la eficiencia en el uso de los combustibles. El consumo por kilómetro en los motores de los vehículos, por ejemplo, se ha incrementado en más del 50% desde los años 80, cuando se adoptaron políticas de eficiencia en varios países desarrollados como consecuencia de la crisis del petróleo de finales de los 70. Lo mismo ocurre con la eficiencia de las plantas eléctricas, en las que hoy en día se requiere entre un 30 y un 40% menos de combustible para sacar el mismo kilovatio.
Por otra parte está la sustitución. El planeta ha venido cambiando de manera dramática la energía que consume. Esta también fue derivada en sus inicios de la crisis de petróleo de los años setenta, lo cual incentivó a que en Europa se activara la generación de energía eléctrica nuclear y en Estados Unidos con carbón.
Todo esto ha permitido una mucho menor intensidad de consumo de petróleo por cada unidad de producto interno bruto generada. Según datos en un artículo reciente de la revista The Economist, a comienzos de los ochenta el mundo requería de alrededor de 1 barril de petróleo para generar $1.000 dólares de PIB, mientras que en el año 2022 este número estaba por debajo de 0,5.
Este camino de la sustitución es el que ha seguido el planeta durante este siglo, a través de una mayor electrificación de la economía, junto con un aumento en generación eléctrica mediante energías renovables, en particular sol y viento. Según The Economist las ventas de vehículos eléctricos a nivel mundial, por ejemplo, han aumentado desde menos de 1 millón en 2016 hasta casi 14 millones en 2023. Y aunque esto ha sido impulsado de manera importante por los subsidios, ya este tipo de vehículos está llegando a ser competitivo con los tradicionales de combustión sin necesidad de estar subsidiados.
Es por eso que las proyecciones de consumo de petróleo hacia futuro son, en el mejor de los casos, constante, mientras que en la mayoría de proyecciones el consumo cae, en algunos casos de manera dramática. Algunos escenarios asumen escenarios de cero emisiones netas, que implicarían reducciones de consumo de hasta 70% vs las cifras de hoy (de aproximadamente 100 millones de barriles/día a 30 millones de barriles/día). Si bien el escenario de cero emisiones netas es una utopía, lo que si es cierto es que la sustitución de combustibles fósiles muy seguramente implicará una reducción importante en el consumo de petróleo en el futuro.
Esto implica que, contrario a lo que ocurría en el pasado, será la demanda, y no la oferta, la que determinará el camino que siga el consumo de crudo en el futuro. Y esto implica que cada vez más los productores de mayor costo y de crudos más pesados, como Colombia, se verán marginados del mercado petrolero global.
Por eso es que hay que aprovechar el presente para lograr monetizar la mayor cantidad de reservas petroleras posibles. De no hacerlo, el país estaría dejando literalmente enterrada una cantidad de riqueza enorme que permitiría, entre otras, sustituir la importancia del petróleo en la economía colombiana. Si bien la estrategia de Ecopetrol de diversificarse a fuentes de energía distintas al petróleo es razonable —pues la protege de futuras caídas del precio del crudo—, la política de suspender nuevas exploraciones es francamente desacertada. Si las reservas de petróleo del país no se monetizan en los próximos 15 a 20 años, estas muy probablemente se perderán para siempre.