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Al filo de la navaja

El país tiene los recursos de sobra para resolver el problema de la electricidad. Lo que falta es menos dogma y más voluntad política, gobernabilidad y gestión para resolver los problemas del sector.

17 de abril de 2024
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  • Al filo de la navaja
  • Al filo de la navaja

Por David Yanovich - opinion@elcolombiano.com.co

Al momento de escribir esta columna, el promedio de los embalses en Colombia estaba en el 29,7% de su capacidad, con situaciones críticas en Guavio, Chivor, Prado y El Quimbo. Estos embalses están llegando al punto en que si no se recuperan los aportes hídricos, muy posiblemente tendrían que salir de operación en algunas semanas.

El fenómeno del Niño, que viene acompañado de sequías mas pronunciadas que las que normalmente se producen en verano, ha resultado mucho más profundo de lo que se esperaba. En efecto, durante el mes de abril los aportes de agua han estado en menos de la mitad de lo que normalmente son.

Si no llueve en las próximas semanas, es posible que el operador del sistema, XM, comience a realizar cortes programados. Es decir, algún tipo de racionamiento durante algunas horas, en algunos lugares del país. Por ahora no han recurrido a estos cortes, fundamentalmente porque el parque de generación térmica —que funciona con los combustibles fósiles como gas, carbón y líquidos que tanto matonea este gobierno— está generando cerca al 100% de su capacidad, representando casi la mitad de la demanda a nivel nacional. Sin las térmicas, ya estaríamos sin energía.

Pero la pregunta clave es, ¿por qué llegamos a esto? La respuesta sencilla es porque el margen entre oferta y demanda de energía se ha venido apretando cada vez más durante los últimos años, como consecuencia del alto crecimiento de la demanda y de la falta de proyectos nuevos de generación. Esto, que ya es suficientemente grave (hoy este margen está cercano al 3%, un límite que pone en riesgo el suministro de energía), se complementa con una institucionalidad totalmente desbaratada y que no ha tomado las medidas correctivas necesarias y a tiempo. En particular la Creg, encargada de la regulación de energía en el país, que ha estado desmantelada durante todo este gobierno.

Durante varios meses ya muchos expertos habían anotado el peligro que se podía correr en el sistema energético si llegaba un Niño como el que estamos presenciando. El retraso de los proyectos eólicos de la Guajira —alrededor de 2.500 MW de energía— que se suponía debían entrar entre este año y el entrante, en el mejor de los casos aportarían 1.000 MW y quién sabe cuando. La falta de ayudas del gobierno para gestionar las consultas con las comunidades y el licenciamiento ambiental es la causa de esta debacle. Y la terrible decisión del exalcalde de Medellín de cambiar a los contratistas de Hidroituango, implicó que las turbinas 4 a 8, con una capacidad de 1.200 MW, también estén retrasadas por lo menos 2 años.

Y lo peor de todo es que este problema no se resuelve con energía solar. Colombia necesita hoy, y necesitará durante el mediano plazo, de la confiabilidad de las plantas térmicas, los embalses de agua y de aprovechar el viento del departamento de la Guajira. El país tiene los recursos de sobra para resolver el problema de la electricidad. Lo que falta es menos dogma y más voluntad política, gobernabilidad y gestión para resolver los problemas del sector.

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