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Por David E. Santos Gómez - davidsantos82@hotmail.com
Los acontecimientos se precipitan sin pausa. Tras una torpe campaña demócrata que insistía en el presidente Joe Biden como candidato para enfrentar a Donald Trump, el círculo de poder liberal decidió dar un timonazo y buscar un nuevo nombre para la batalla. Durante días parecía imposible que Biden diera un paso al costado, pero finalmente entregó la posta a Kamala Harris para que recondujera el camino. Ha pasado un mes desde esa decisión, pero parecen siglos.
Con un golpe de opinión sorprendente, los demócratas empiezan a recuperar terreno perdido e incluso en algunas encuestas de voto popular se les ve en primer lugar. ¿Será suficiente este viento de cola para detener la segunda presidencia de Trump? El oficialismo empieza a ilusionarse y muchos responden que sí. Dicen que se abrió una oportunidad para el triunfo que parecía imposible unos días atrás.
Cuando Joe Biden, hace cuatro años, escogió a Kamala Harris como su fórmula vicepresidencial, tenía en mente una sucesión con ella tras su primer mandato. Era lo que se planteaba desde la campaña. Sin embargo, la figura de Harris poco a poco se apagó. Su labor en el tema migratorio recibió críticas feroces y su imagen pasó a un segundo plano. Biden, entonces, insistió en que optaría por la reelección.
Ahora, cuando la debilidad física del presidente lo obligó a ceder en sus propósitos, Harris saltó al estrado con una fuerza demoledora y en cuestión de semanas empezó a dar vuelta al panorama. Sus discursos están llenos del entusiasmo y en sus mítines flota la sensación de victoria.
Escoger al gobernador de Minnesota Tim Walz como su candidato a vicepresidente fue otro acierto. El antiguo profesor de secundaria representa una visión de centro izquierda necesaria para atraer a la juventud indecisa y el carisma que ha mostrado Walz en sus presentaciones públicas revitalizó la discusión contra los republicanos. Ahora el bando conservador es el que se muestra a la defensiva.
Faltan dos meses y medio para el día D. Parece poco tiempo, pero políticamente es una eternidad y aún nos aguardan muchas sorpresas que pueden impulsar las velas para un lado o para el otro. Lo que resulta indudable, en este tramo final de la carrera por la presidencia estadounidense, es que la renuncia de Biden fue la acción correcta para encausar la idea de continuidad en la Casa Blanca.
Donald Trump, su candidato a vicepresidente J.D. Vance, y el poderoso bloque republicano sintieron el golpe inesperado, pero no se quedarán con los brazos cruzados. Se vienen los debates, nuevas decisiones en las causas del exmandatario y el análisis pormenorizado de las hojas de vida de ambos candidatos a vicepresidente. Esto, por listar solo lo previsible.
Aunque el triunfo aún parece más cercano para Trump los demócratas confían en que este aire de remontada aumentará. Dicen que son el caballo furioso que galopa desde atrás y pasa a liderar justo cuando se acerca la meta.