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Europa se reacomoda. El avance de la extrema derecha en las últimas elecciones es una muestra de los coletazos del frente oriental.
Por DAVID E. SANTOS GÓMEZ - davidsantos82@hotmail.com
Los enemigos, que hasta hace muy poco se daban apretones de manos y firmaban convenios económicos y compartían palcos en eventos deportivos y sonreían, se miran ahora de frente y exponen su armamento: político y bélico. Han pasado dos años y medio desde la invasión rusa a Ucrania y las fuerzas en conflicto reconocen que aún falta mucho para ver un acuerdo entre las partes mientras el flujo de dinero de cientos de miles de millones de dólares sostiene una maquinaria de guerra europea como no se había visto en este siglo XXI. Treinta meses de tensión que reacomodaron el mapa y obligaron a repartir de nuevo la baraja geopolítica.
Cada bando en disputa mueve sus fichas en el terreno de los cañones y en el de la diplomacia. Y si bien los frentes de batalla muestran pocos avances -con un poderío ruso en ventaja y un ejército ucraniano en suspenso- el tablero diplomático sí enseña novedades. En las últimas semanas Volodimir Zelenski logró un apoyo sustancial de Occidente en la conferencia para la paz en Suiza (de la que se ausentó Colombia y Brasil y China y Arabia Saudita e India), y se empiezan a tejer alternativas para frenar el conflicto, la mayoría de las cuales, para desgracia de Kiev, insisten en la necesidad de ceder territorio a Vladimir Putin para lograr el punto final. El mandatario ruso, por su parte, salió de sus fronteras para enseñar sus sólidas alianzas con Corea del Norte y Vietnam.
Se insiste desde este lado del mundo -y lo dicen los políticos y lo replican los medios de comunicación- que Rusia y su gobierno están aislados del mundo tras la sorpresiva decisión de arremeter con tanques en el este ucraniano el 24 de febrero de 2022. Pero ni las fuertes sanciones impuestas a Moscú pudieron minar su economía, ni el multilateralismo occidental impidió que Putin estrechara nuevos lazos diplomáticos y encontrara aliados. A los destinos de su última correría internacional se le pueden sumar los siempre leales Bielorrusia, Uzbekistán, Siria, Irán y, por encima de todos, la China de Xi Jinping. Es el gigante asiático el soporte escencial de Rusia, tanto en la economía como en la guerra, y su apuesta es consolidar el eje contrario a Estados Unidos. Pekín sabe de sobra que mientras la política estadounidense flaquea debe acelerar en su objetivo de desequilibrar la balanza.
Europa se reacomoda. El avance de la extrema derecha en las últimas elecciones es una muestra de los coletazos del frente oriental. En una ambivalencia que no asombra, los nacionalistas que antes elogiaban a Putin, ahora intentan vender un discurso de repliegue continental en el que descreen de los beneficios de la Unión Europea. Lo que no reconocen -aunque lo saben muy bien- es que en ese discurso juegan a favor del presidente ruso. No habrá un logro mayor para Putin, luego de esta violenta invasión, que ver al continente europeo despedazado políticamente.