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Boric está liberado de viejas ataduras que hoy hunden a la izquierda con el lastre de Venezuela... Ante lo evidente de las irregularidades, algunos empiezan a tirarle dardos a Maduro.
Por David E. Santos Gómez - davidsantos82@hotmail.com
Su reacción fue la más rápida y contundente dentro del grupo de la izquierda y el progresismo latinoamericano. Tan solo unas horas después de lo que ya se revelaba como un fraude electoral en marcha en las presidenciales de Venezuela, Gabriel Boric, presidente de Chile, dejó en claro públicamente que los resultados que daban como ganador de los comicios a Nicolás Maduro -sin mostrar prueba alguna- y con un 51 por ciento eran, como mínimo, “difíciles de creer”.
Boric, de 38 años, gobernante de su nación desde hace dos, mantiene una voz crítica con el régimen de Caracas, al que considera poco democrático. Lo había dicho ya en sus primeros meses como residente de La Moneda, cuando condenó la represión de las fuerzas armadas venezolanas contra la ciudadanía y por esas palabras se ganó desde el arranque la enemistad del Partido Socialista Unido de Venezuela, con Diosdado Cabello y Maduro a la cabeza. Los chavistas lo han tildado de estúpido, niñato y vocero del imperio.
En los últimos días, Boric subió la temperatura de sus comunicados. “No tengo dudas de que Maduro ha intentado cometer un fraude”, dijo. Es el único del lado izquierdo de la balanza hemisférica que ha ido tan lejos. Mientras se reúne con Lula da Silva y habla con Petro para insistir en que se clarifiquen los resultados, presiona con su voz al Palacio de Miraflores. La catástrofe venezolana no es un asunto de derechas o de izquierdas, ha dicho el chileno varias veces, es un asunto de democracia y respeto a los derechos humanos.
El grupo de presidentes y políticos de izquierda que poblaron el continente en las primeras décadas del siglo XXI, ahora en posiciones complejas fuera del poder como Rafael Correa o Evo Morales, en nuevos gobiernos como Lula da Silva en su tercer mandato o López Obrador o Gustavo Petro, sienten un vínculo hereditario con el chavismo del cual Boric carece. Por eso les cuesta tanto ser contundentes con las aberraciones que Maduro comete contra la democracia y su población.
En ese sentido, Boric está liberado de las viejas ataduras que hoy hunden a la izquierda con el lastre del oficialismo venezolano. Ante lo evidente de las irregularidades del pasado domingo 28 de julio, algunos de a poco, a marchas forzadas, empiezan a tirarle pequeños dardos a Maduro. Está empañando “el legado de Chávez”, se atrevió a decir la argentina Cristina Fernández de Kirchner, ante el evidente comportamiento totalitario de Maduro.
Pero son incapaces de decir las cosas por su nombre. Frente a ellos, un personaje como Boric sin ataduras ni deudas ideológicas o monetarias con el socialismo del siglo XXI, desnuda las formas de una izquierda atemorizada que actuaría radicalmente distinto si todo esto que ocurre en Venezuela lo estuviera causando la derecha.
En últimas, entonces, la incomodidad no es con los hechos (detenciones, fraude, torturas, desapariciones), sino con quien los comete.