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Uribe: Miradas a su gobierno con dos décadas de distancia

En un país donde sorprendentemente carecemos de buenas biografías de nuestros expresidentes, y aún menos de análisis profundos sobre sus gobiernos, el libro logra algo, aunque modesto, no despreciable: ofrecer un análisis distante del presente, en el que la figura de Uribe sigue siendo muy relevante, sobre el legado de su presidencia.

25 de agosto de 2024
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  • Uribe: Miradas a su gobierno con dos décadas de distancia
  • Uribe: Miradas a su gobierno con dos décadas de distancia

Por David González Escobar - davidgonzalezescobar@gmail.com

Así se titula un libro publicado recientemente por la Escuela de Gobierno de la Universidad de los Andes, una obra que, en un momento en el que el “relato del vaso medio vacío” sobre el mandato del expresidente ha cobrado fuerza, busca ofrecer una visión más profunda sobre el legado del gobierno de Álvaro Uribe Vélez, aprovechando la perspectiva que permiten ya más de veinte años de distancia desde su posesión.

El libro es un compendio de una docena de ensayos escritos por personas que siguieron de cerca o trabajaron directamente en el gobierno de Uribe durante sus dos periodos presidenciales, y contó con la edición de Jorge Giraldo, exdecano de la Escuela de Humanidades de la Universidad EAFIT, quien durante muchos años colaboró en estas páginas.

Entre los textos más relevantes del libro, Santiago Montenegro, director del DNP durante los primeros cuatro años del gobierno, ofrece un recuento histórico sobre la debilidad del Estado colombiano en la periferia del país, que permitió el fortalecimiento de las FARC.

'Paca' Zuleta, actual directora de la Escuela de Gobierno de los Andes, reflexiona sobre el estado de ánimo del país antes y durante el mandato de Uribe, un sentimiento que se vio reflejado en la popularidad sin precedentes que mantuvo a lo largo de todo su gobierno.

Jaime Bermúdez, canciller entre 2008 y 2010, relata las tensas relaciones diplomáticas con Ecuador y Venezuela.

Eduardo Pizarro Leongómez, hermano del exlíder del M-19, evalúa las políticas de seguridad, derechos humanos, justicia transicional y negociaciones de paz durante la administración Uribe, cuyos logros se han visto diluidos por el horror de los ‘falsos positivos'.

Carolina Barco, canciller de 2002 a 2006, narra los esfuerzos diplomáticos para conseguir apoyo internacional hacia las políticas de la seguridad democrática.

Luis Alberto Moreno, embajador entre 1998 y 2005, resalta la importancia de la estrecha relación de Uribe con Estados Unidos y, en particular, la íntima amistad que construyó con George Bush.

Julio Londoño, embajador en Cuba durante los ocho años de Uribe, describe la sorprendente buena relación que se mantuvo con el gobierno de Fidel Castro.

Claudia Jiménez, exdirectora del Programa Presidencial de Renovación de la Administración Pública (PRAP), recuerda la subestimada relevancia que tuvo el rediseño institucional durante los años de Uribe, siendo especialmente relevantes las reformas a Ecopetrol, que dieron origen a la empresa potente que conocemos hoy.

Cecilia Vélez, exministra de Educación, analiza la política social de Uribe, destacando el impacto de Familias en Acción y los avances en el sistema de protección social.

Finalmente, Roberto Junguito y Alberto Carrasquilla, dos de los tres ministros de Hacienda de Uribe, detallan el sobresaliente manejo macroeconómico y crecimiento de sus dos mandatos, en especial la política contracíclica que permitió a Colombia amortiguar el impacto de la crisis de 2008.

Está lejos de ser lo mejor que he leído este año; dentro de su propia concepción, es probable que no sea un libro que venda muchas copias. Sin embargo, en un país donde sorprendentemente carecemos de buenas biografías de nuestros expresidentes, y aún menos de análisis profundos sobre sus gobiernos, el libro logra algo, aunque modesto, no despreciable: ofrecer un análisis distante del presente, en el que la figura de Uribe sigue siendo muy relevante, sobre el legado de su presidencia. Unos ocho años en los que, independientemente de la opinión actual sobre su figura, el país vivió un quiebre en su ánimo colectivo, cuyos frutos seguimos recogiendo hasta el día de hoy.

El vaso no parece medio vacío, sino más bien más que medio lleno.

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