Pico y Placa Medellín
viernes
1 y 5
1 y 5
Las mejores ficciones nos expanden, nos definen y nos ayudan a elegir nuestro lugar en el mundo
* Director de Comfama.
Querido Gabriel,
“Una de las cosas que me cansa de Colombia es el exceso de actualidad”, dijo. “Es como si, a veces, los colombianos no dejaran espacio para la imaginación y el onirismo”. “¡Tanta realidad agobia!”, remató. Aunque sentí dolor, porque amo a este país, con sus virtudes y problemas, admití que tenía razón. La vida sin ficción resulta pobre e insípida. ¿Qué sería de nosotros sin el producto de la imaginación humana, sin los relatos inventados de novelas, películas, series y obras teatrales? Hablemos de la necesidad de la ficción; invoquemos a la fantasía y a esas historias que, aunque no sean verídicas, son enteramente ciertas.
Siempre que hablemos de arte y cultura habrá que repetir que son importantes porque sí. Los humanos somos artistas naturales, la nuestra es una “especie fabuladora”, como dice la escritora Nancy Huston. Estamos atravesados por historias, lo afirman desde los publicistas hasta los filósofos. La ficción es importante precisamente por ineludible, nos genera un placer que nació con la especie, alguna noche, hace miles de años, alrededor del fuego, al ritmo de un antiguo instrumento musical, bajo el embrujo de la voz de los juglares.
Las fábulas, además, nos ayudan a conocernos mejor. Al participar de una historia, sea épica o trágica, bonita o dolorosa, nos encontramos con la vida y las emociones ajenas, que son, igualmente, las propias. Tomamos distancia y nos vemos en el espejo de las peripecias, cuitas y alegrías de los protagonistas de piezas teatrales, literarias o cinematográficas. ¿Nunca te sentiste representado por algún personaje de Del Toro, Moliere, Harry Potter, Alejandro Dumas o Sorrentino? Los héroes ficticios poseen rasgos y trasiegan caminos muy parecidos a los nuestros.
La fantasía tiene, de otro lado, un elemento filosófico que puede llegar a tener un efecto terapéutico. La ficción es una de las más bellas y divertidas formas del ocio. La imaginación desatada es un bálsamo para el alma fatigada. ¿Quién no ama celebrar el fin de semana con una buena serie o el comienzo de las vacaciones con una gran novela?
Los relatos, antiguos y modernos, tienen, también, un elemento pedagógico innegable. Al dejarnos atravesar por historias ficticias pero verosímiles, vivimos otras vidas más allá de la propia. Viajar a la ficción implica, casi siempre, aprender algo nuevo. En una buena novela, por ejemplo, nos adentramos en la vida de los protagonistas. “Soñar historias, contar historias, escribir historias, leer historias, son artes complementarias que otorgan palabras a nuestro sentido de la realidad”, dijo Alberto Manguel.
Las mejores ficciones nos expanden, nos definen y nos ayudan a elegir nuestro lugar en el mundo. Los humanos somos, al final, puentes entre el universo de lo “real” y todos los demás mundos que habitan nuestra imaginación sin límites. Hagamos esa tertulia, preguntémonos cómo hacer para tener organizaciones y colegios con más espacios para los “cuentos”, y una sociedad con más relatos fantásticos. ¿De dónde más puede emerger el futuro si no es de una imaginación activa, del desarrollo de una capacidad superior para soñar? Vamos a teatro, llenemos los cines, cantemos a coro en los conciertos, leamos novelas. Cosechemos utopías en sus historias y, de vuelta, sembrémoslas para hacer de nuestro presente un jardín florido. Liberemos la ficción, invitémosla a que invada nuestra vida y fertilice y embellezca nuestra realidad..