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La mamá de Jane Goodall

Las madres (y padres) que les entregan a sus hijos límites, validación y empatía, son cruciales para la formación socioemocional.

08 de septiembre de 2024
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  • La mamá de Jane Goodall
  • La mamá de Jane Goodall

* Director de Comfama.

Querido Gabriel,

Quizá uno de los mensajes más esperanzadores que hayamos escuchado en años fue el de la doctora Jane Goodall, naturalista, como prefiere que la llamen. Vino a Medellín y nos contó su historia. La de una mujer que siempre ha perseguido sus sueños, viajó al África muy joven, vivió con los chimpancés, ingresó a la ciencia, cambió para siempre la idea que tenemos sobre qué significa ser humanos e, incluso, nuestra forma de relacionarnos con el resto del mundo natural.

“No estaría acá de no ser porque tuve una mamá que me apoyó”, repite. Su mamá fue clave en su vocación científica: no la juzgó cuando, de niña, la curiosidad la impulsaba a poner lombrices sobre su cama o a esconderse por horas en el gallinero para ver cómo se ponían los huevos. Allí estuvo cuando su camino no parecía claro: la impulsó a aprovechar la oportunidad de estudiar para ser secretaria, un trabajo que, casi por azar, sería fundamental para su carrera. Como si fuera poco, esa misma madre la acompañó en su primer viaje africano, cuando no la dejaban entrar sola al país por ser una mujer joven y blanca. ¿Conversamos del rol fundamental de las mamás que forjan relaciones sólidas con sus hijos? ¿Incluimos también a los papás y otros cuidadores, para estar a tono con nuestra época?

Una mamá presente contribuye, desde la temprana edad, a la autoestima del niño. Una mirada amorosa, un vínculo fuerte y una presencia constante dan seguridad y reafirman la identidad del infante. La doctora Becky Kennedy, experta en crianza, dice en su libro Educar sin miedo (el título en inglés me gusta mucho más: Good Inside), que las madres (y padres) que les entregan a sus hijos límites, validación y empatía, son cruciales para la formación socioemocional.

Una mamá presente puede impedir una vida de discriminación o mediocridad. “Tú crees que los métodos educativos de tu mamá te ayudaron con tu diagnóstico de déficit de atención e hiperactividad. Pero, en realidad, te sacaron adelante su atención, dedicación y amor”, me explicaba un buen amigo, experto en educación.

Algunos trabajos de los años 80 y 90 de Previva, el respetado grupo de salud pública y violencia de la Universidad de Antioquia, señalan que un elemento clave para impedir que un joven caiga en la delincuencia es la gestión de emociones que hayan aprendido de su madre. Una madre cercana y apoyadora puede llegar a alejar a sus hijos de la violencia y contribuir a una sociedad en paz.

Hagamos la tertulia sobre formación de mamás (y de papás). Pensemos qué debe pasar en colegios y en empresas para que, tanto hombres como mujeres, en unos tiempos en los que las labores del cuidado corresponden a todos, puedan dedicar tiempo, atención y amor al cuidado de sus hijos. Hablemos de agradecer, cuidar, rodear y acompañar a estas mamás (y papás) que cuidan, se trata de un trabajo cada vez más exigente en la vida moderna. Pensemos que, si Jane no hubiera tenido esa mamá tan especial, no habríamos tenido la fortuna de disfrutar e inspirarnos con su vida y trabajo. Seres como ella nos demuestran que la atención es la más pura manifestación, también la más necesaria, que puede tener el amor.

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