Pico y Placa Medellín
viernes
1 y 5
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Valores simples y cotidianos, como el trabajo, el cuidado, la responsabilidad y el cumplimiento de la palabra no pueden pasar desapercibidos.
* Director de Comfama.
Querido Gabriel,
Salí de Medellín para ganar perspectiva y coger impulso. De vez en cuando conviene hacer una pausa y observar el mundo, como si fuera una pista de baile, “desde el balcón”. Esta metáfora, usada por el profesor R. Heifetz, propone tomar una distancia que permita comprender mejor el contexto y nuestro rol particular en él. Desde allí resulta más fácil reflexionar sin prisa y analizar nuestra situación con gente de confianza. ¿Te puedo contar del mensaje de esperanza que recibí cuando me fui para Palomino, uno de mis balcones favoritos?
“El factor país” me estaba abrumando. La impredictibilidad de las políticas públicas, la incertidumbre en el sector salud y el deterioro en la economía y el empleo estaban usurpando el lugar del sueño reparador. Así fue que tomé un avión hacia ese paraíso caribeño que es para mí hogar y sanación, inspiración y silencio.
Pero siempre que uno huye de algo, ese algo va, lo busca y le planta la cara. A los dos días se anunciaron tres paros. El de Fecode contra la reforma a la educación, el de las comunidades indígenas y campesinas preocupadas con el proceso de paz y uno más oscuro, con cierres de vías y amenazas para quienes abrieran sus negocios o circularan por las carreteras. Esa misma tarde, para colmo, cayó un aguacero y se fue la luz, fueron 24 horas sin energía, internet ni celular. Aproveché la oportunidad y me acurruqué en la hamaca a escribir y dibujar mis ideas y preguntas. Leí de todo, desde articulados de reformas y estudios económicos, hasta textos filosóficos y una novela de ciencia ficción. Al oscurecer, prendí una vela y me senté a leer la historia de los Magníficos rebeldes, de Andrea Wulf. No vi más luces: supe que era el único huésped del Matuy.
Al otro día temprano medité un rato en la desembocadura del río San Salvador y agarré una colchoneta para hacer ejercicio. “Señor David, ¿será que sí hace ejercicio? Yo no sé cómo le voy a dar desayuno... ¡Hoy no vino nadie a trabajar!”, dijo Angie. Terminé mi rutina y me senté a la mesa, sin café ni desayuno, distraído, mirando al mar...
Casi a las 9 a.m. llegó corriendo, acezante y sudorosa, Inés, la mujer que trabaja en la cocina: “¡Pensé que no lo iba a lograr! Pero yo le había prometido su arepa de huevo”. La miré, sorprendido: “¿Cómo hizo...?”. “Caminé hora y media y luego conseguí, al otro lado del bloqueo, que un muchacho me trajera en su moto”. “Pero ¿cómo va a volver a su casa? ¿Se justificaba para un solo huésped?”. “Es igual de importante que si estuviera lleno y, si algo, me quedo a dormir acá”.
Colombia fue a visitarme, con su oscuridad y su luz. ¿Hacemos una tertulia sobre Inés y la esperanza? ¿Hablamos de esa gente que, sin saberlo, mantiene el mundo en marcha? Valores simples y cotidianos, como el trabajo, el cuidado, la responsabilidad y el cumplimiento de la palabra no pueden pasar desapercibidos. ¿Te imaginas que todos hagamos nuestro oficio con amor, aunque nos toque caminar al sol durante horas o saltarnos creativamente las barricadas del odio y la ambición? En un país así, el futuro no tendría más alternativa que emerger y la esperanza no podría sino brillar.