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Una sociedad con más “recreos” será una sociedad más sana y más feliz.
Por DAVID ESCOBAR ARANGO - david.escobar@comfama.com.co
Querido Gabriel,“Imagínate que conocí a alguien”, dijo mi amiga. “¿Qué hace, en qué trabaja?”, respondí automáticamente. “Le gusta el arte, es amable, ama la naturaleza y se ríe de mis chistes”, me dijo. “¿Pero de qué vive?”, insistí. “¡Ah!, ¿eso?, trabaja en una empresa de Medellín...”.
¿Defines a las personas solo por su oficio? ¿Eres de los que piensa que el tiempo que no sea dedicado al trabajo es tiempo perdido? ¿Las palabras ocioso y ociosidad tienen connotación negativa para ti? ¡Bienvenido! Quizás tengas ancestros paisas o seas parte de la cultura antioqueña del siglo XX.
¿Hablamos del ocio como uno de los “tres tercios” necesarios para una buena vida, con el trabajo y el descanso? ¿Conversamos de que el ocio no consiste solo en hacer “otra cosa”, sino en ponernos en un estado mental particular para gozar la vida? No podemos negar que trabajar es necesario y da propósito; las sociedades que progresan son las más productivas y es una ventaja innegable tener una cultura que valora el trabajo duro. Pero, igualmente, estaríamos perdidos si pensamos que el trabajo es todo en la vida.
La creatividad necesita del descanso y del ocio, que nos traen energía e inspiración. La buena vida, además, es un asunto de balance y ritmo, una polifonía. Antioquia sabe mucho de trabajo, pero poco o nada entiende de ocio. Según una investigación sobre hábitos de Comfama, apenas el 2% de los antioqueños disfruta del ocio con regularidad, el 80% elige la productividad por encima del ocio y, cuando deciden sacar el tiempo para disfrutarlo, menos de la mitad encuentra el lugar apropiado.
¿Alguna vez te hicieron sentir culpable diciéndote que cogieras oficio, que hicieras el “destino”? Esta obsesión por laborar y esa fobia hacia los perezosos parece originar buena parte de nuestros problemas de estrés y salud mental. Estamos programados para el negocio, pero no para el ocio. Tanta brega nos da el ocio que no sabemos definirlo.
“¿Qué es el ocio, David?”, me preguntó una vez un líder de la región, de otra generación, de aquellos obsesionados con eso de “trabajar, trabajar y trabajar”. Invoquemos a Pieper, el famoso autor del libro El ocio fundamento de la cultura, quien lo define como “la ausencia de preocupaciones, la calma, la habilidad de soltar y estar en silencio”.
También habla del ocio como la posibilidad de “considerar las cosas con un espíritu de celebración”. “El ocio no es la actitud del que interviene, sino del que se abre a sí mismo; no de alguien que se apodera, sino de uno que se deja ir, que se deja llevar y ‘se va’, casi como alguien que se queda dormido debe dejarse llevar...”, escribió Pieper. Este cambio cultural, este aprender a “dejarnos llevar” y a celebrar el universo, debe venir, además, acompañado de acciones prácticas. Fomentemos el ocio en empresas e instituciones educativas.
Una sociedad con más “recreos” será una sociedad más sana y más feliz. Trabajemos por más equipamientos públicos llenos de libros, artes y naturaleza, lugares para el encuentro con amigos y familia, lugares para no hacer nada.
Hagamos una tertulia ociosa, seamos unos felices ociosos por unas horas, compartamos nuestras ociosidades, lleguemos a ese dichoso estado mental, para ver si dejamos atrás esa idea enfermiza de que el trabajo es todo en la vida, nuestro destino y nuestra única redención.
*Director de Comfama.