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Venezuela merece algo mejor

Con el tiempo murió Chávez, pero no el chavismo. Desde eso Maduro lleva once años en el poder. Su mandato ha creado una diáspora de más de 7 millones de personas repartidas por todo el mundo, buscando una mejor calidad de vida, una oportunidad de lograr sus sueños.

31 de julio de 2024
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  • Venezuela merece algo mejor

Por Dany Alejandro Hoyos Sucerquia - @AlegandroHoyos

La primera vez que escuché la palabra Venezuela fue cuando mi abuela dijo que se iba a visitar a sus hijas. Ellas emigraron a vivir allá cuando el Bolívar valía mucho más que el peso colombiano y había múltiples oportunidades de trabajo. Mi familia aprendió de Venezuela. Varias navidades las pasamos comiendo hayacas, un plato que parece un tamal, pero con la masa delgada y más condimentado. Es exquisito. En año nuevo siempre le digo a mis tías que me guarden varios.

Cuando visité a Venezuela aterricé en Valencia. Fuimos por carretera hasta Caracas pasando por la Colonia Tovar, un asentamiento de familias alemanas que construyeron sus casas al estilo teutón y se convirtió en un destino turístico para ir a comer salchichas. De Venezuela me impresionaron muchas cosas, entre ellas sus vías y que no hubiera indigencia, pero también que si una casa estaba vacía la ocupaban sin pedir permiso. “Esos son los chavistas”, decía mi prima. “No les importa que la ciudad esté bonita, no respetan las normas y todo lo quieren regalado”.

El ambiente era un poco caótico. Manejar, por ejemplo, se hacía por instinto. Aun así, la gente podía trabajar y ganarse sus riales. Visité Margarita. ¡Qué belleza de isla! Grande, playas preciosas con aguas diáfanas. Recorrí sus lugares históricos y pasé por el hotel Hilton que el presidente Chávez le expropió al papá de París y bajó la calidad y la afluencia de turistas.

Aun así, disfruté Venezuela, la tierra de Andrés Bello, un país rico, con gente muy alegre, con nombres particulares, que tanqueaba el carro con monedas y que tomaba cerveza Polar como si tomara agua. Con el tiempo murió Chávez, pero no el chavismo. Desde eso Maduro lleva once años en el poder.

Su mandato ha creado una diáspora de más de 7 millones de personas repartidas por todo el mundo, buscando una mejor calidad de vida, una oportunidad de lograr sus sueños. Dejar la tierra que se ama es la pena colectiva más grande de una comunidad. Mi familia ahora está regada. Están en España, en Estados Unidos y en Colombia. Aunque ya han logrado hacer vida por fuera, su anhelo es que se termine la horrible noche que lidera Maduro, esa dictadura que la izquierda colombiana reconoce cuando le conviene.

La democracia no es perfecta y también puede perpetuar dictadores. Se hace la obra de teatro de las votaciones, pero gana el mismo con las mismas y pregona que se tuvo elecciones democráticas y listo. Nada cambia. El pueblo continúa en la misma miseria. Este fin de semana se podía oler la esperanza de un nuevo país. Me cuesta entender la lucidez de las personas que todavía defienden a Nicolás Maduro.

Venezuela merece un mejor gobierno, que llegue el día de su suerte, que la virgen de Coromoto ilumine ese país de riquezas naturales, de gente bonita, y se puedan reunir tranquilos en un Caracas-Magallanes, tomarse unas birras con cotufas y pasarla fino, fino. De pana que sí.

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