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El cambio del clientelismo

En la actualidad el gobierno nacional está comprando con moneda contante y sonante a los congresistas para conseguir apoyo para el trámite de sus proyectos..

11 de agosto de 2024
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  • El cambio del clientelismo
  • El cambio del clientelismo

Por Armando Estrada Villa - opinion@elcolombiano.com.co

El clientelismo tradicional, entendido como el intercambio recíproco de favores entre personas de distinto estatus y desigual poder, opera en dos momentos: el primero, entre ministros, altos funcionarios y congresistas, en el que los congresistas reciben puestos, contratos y partidas presupuestales, los denominados cupos indicativos o mermelada, para que respalden al gobierno y aprueben las iniciativas que presenta a consideración del Congreso, y el segundo, entre congresistas y sus seguidores políticos, que reciben nombramientos, favores políticos y servicios para sus comunidades, a cambio de votos en las elecciones por los congresistas de quienes han obtenido estos beneficios.

Pero ahora esto cambió radicalmente, pues se suprime el segundo momento en que permutan ayuda mutua los parlamentarios y sus electores, ya que la transacción entre ministros y congresistas es con dinero en efectivo, tal como lo demuestra el caso de la Unidad Nacional para la Gestión de Riesgos de Desastres (UNGRD). Y digo que cambió porque antes mediante las partidas presupuestales se favorecía el congresista y el municipio que él señalaba para que le llegaran los recursos para diferentes obras de beneficio social. El congresista era consciente que esos dineros no le pertenecían, pero en muchas ocasiones pactaba con el alcalde municipal quien iba a ser el contratista de la obra o el proveedor de determinados bienes y cuanto podía tocarle a cada uno a manera de comisión, en un claro acto de corrupción. Pero, de todas maneras, así la comisión fuera alta, al municipio y a sus habitantes les llegaba una obra o la prestación de un servicio.

En cambio, en la actualidad que el gobierno nacional está comprando con moneda contante y sonante a los congresistas para conseguir apoyo para el trámite de sus proyectos, a los municipios nada les toca, a sus habitantes no les llega ningún beneficio y toda esa enorme cantidad de dinero es para el senador de la Republica o para el representante a la Cámara. Situación que muestra con claridad que el cambio en el clientelismo que este gobierno lleva a cabo es un cambio para mal, que además profundiza la corrupción en el país.

Para Francis Fukuyama, en su importante libro 0rden y decadencia de la política, “Un fenómeno que se identifica con la corrupción es el clientelismo”, a lo que agrega: “El clientelismo está considerado algo negativo y una desviación de las buenas prácticas democráticas”. Es de suponer que, por razones tan válidas como estas, Gustavo Petro como parlamentario siempre fue un crítico severo del clientelismo y la corrupción, aun de gobernantes de su propio partido político, como ocurrió con el alcalde de Bogotá de Samuel Moreno Rojas.

Empero, en su mandato presidencial no solo se fortalece el clientelismo, sino que cambia para mal, para peor, puesto que ya no son los cupos indicativos o mermelada el mecanismo que se utiliza para seducir congresistas, sino dinero en efectivo que crece el patrimonio de los parlamentarios afines a su gobierno y nada ofrece a las comunidades necesitadas de servicios estatales.

El escándalo de la UNGRD todos los días crece y compromete a funcionarios de confianza del presidente Petro y a congresistas venales de varios partidos, por lo que debe relievarse que ofende a los colombianos el platal destinado a conquistar congresistas y alcanzar apoyo para sus proyectos, máxime cuando el erario pasa por serias afugias y se trata del empleo de recursos públicos no destinados al bien común.

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