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Un latido común, una Fiesta

Hoy tengo dos niños y muchos morros de libros para ponerles al lado, quiero repetir la historia como si fuera posible, al menos en eso, vivir como si no existieran las pantallas.

10 de septiembre de 2024
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  • Un latido común, una Fiesta

Por Amalia Londoño Duque - amalulduque@gmail.com

Como si fuera en un tiempo muy lejano, difícil de imaginar para las nuevas generaciones, recuerdo que cuando tenía unos cuatro o cinco años y era la única niña en mi familia, los adultos me entregaban un morro de libros para que me entretuviera sola mientras ellos conversaban.

A veces alguno de ellos se sentaba, abría conmigo un libro y empezaba a leerme y señalarme las imágenes, pero otras veces el morro estaba frente a mí como la única opción de juego y tal vez por la curiosidad infantil de esa edad, lo recuerdo como el momento más emocionante de mi infancia. Por esa época, había muchas enciclopedias en las bibliotecas familiares y el regalo de tener enfrente la posibilidad de abrirlas, me hacía sentir grande. Ese recuerdo lo tengo muy claro y el de mi tío libro, claro, un personaje del que ya he hablado aquí y que convivía con los libros como si fueran seres vivos.

Tan distinto que es todo hoy, pocos papás entregan libros para que los niños se entretegan, las pantallas reemplazaron casi todo y con tantas ocupaciones, muchas familias seguramente sin pensarlo demasiado, entregan las pantallas para poder continuar con sus cosas o como un método que le ayude a los niños a calmarse más rápido. Para la campaña Leer te hace grande que la Fundación Ratón de biblioteca comenzó esta semana, citaron un estudio de la UNICEF en Colombia que revela que 2 de cada 3 niños de 10 años no saben leer.

Se sienten excluidos por no entender ni comprender lo que hay alrededor y tienen, por supuesto, pocas probabilidades de terminar su colegio. Afortunadamente, en Medellín, celebramos los libros con una fiesta. A veces algunos periodistas o invitados, por la costumbre de conocer muchas ferias del libro en el mundo, señalan en septiembre que empezó la de Medellín, pero no. Casi siempre hay alguien de la ciudad que los corrige: “es la Fiesta del libro y de la cultura”.

No se trata solo de un nombre, se trata de una celebración, de un espacio de entrada libre, de lecturas en voz alta, de libros por todas partes: en la calle, en un jardín botánico, en el metro y en los museos. Es tal vez la apuesta más bella que ha hecho Medellín para que nos encontremos alrededor de lo que, casualmente, este año menciona la Fiesta: Un latido común. Vuelvo a ese momento cuando era niña, lo recuerdo y regreso al presente.

Hoy tengo dos niños y muchos morros de libros para ponerles al lado, quiero repetir la historia como si fuera posible, al menos en eso, vivir como si no existieran las pantallas, como si todo no hubiera cambiado tanto. Intentando capturar lo que viví para que algo de lo que sentí, también puedan sentirlo ellos. Que vengan muchas Fiestas para Medellín, muchos niños lectores que serán después adultos con imaginación, con curiosidad y con capacidad crítica.

Nota: Bienvenido mi hijo que casualmente nació el día del lector y el día que nació Borges. Que la fecha coincida con el interés y el amor que pueda sentir por los libros.

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