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Optimistas

El caso es que hoy quise compartir mi optimismo, reconociendo que mi decisión no es ni popular, ni fácil y para algunos tampoco será la más responsable.

13 de agosto de 2024
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Por Amalia Londoño Duque - amalulduque@gmail.com

En el 2022, alrededor del 15% de las salas obstétricas de Medellín cerraron sus puertas en apenas un semestre.

El 2023, siguieron cerrando sus puertas otras, se registró una crisis por falta de salas de parto e incluso llegó al Concejo un debate sobre la dramática situación que viven las clínicas que aún tienen este espacio, pero superan la capacidad diaria de pacientes.

El mal “negocio” de los partos, titulaba un medio local el año pasado.

Parir no parece ser un buen “negocio” para la medicina de hoy, en la que somos clientes y no pacientes.

Tampoco para ser un “negocio” o un proyecto de vida para las nuevas generaciones. Según el DANE el número de nacimientos en 2023 fue de 510,357, lo que representa una reducción significativa en comparación con los 573,625 nacimientos registrados en 2022.

“Qué maravilla que tengas otro bebé. Eso demuestra optimismo ante la vida. Y no es fácil tenerlo.”, me dijo un amigo cuando le conté que estaba cerca a tener mi segundo hijo.

Entiendo que sea difícil, podría hacer una lista de todo lo que hace aterrador el panorama del mundo hoy y lo que podríamos suponer que será el futuro. Pero, Y si no somos optimistas, ¿qué seguiría?, ¿cómo vivir con una mirada pesimista de la vida?

Con tantos dolores, tantos miedos y con la incertidumbre como certeza en el futuro, yo no tuve que meditar mucho cuáles serían mis decisiones para vivir con más alegría.

No quisiera ser una espectadora pasiva del caos y tampoco quisiera sentir que todo ese desconcierto que pasa afuera, es lo que habita en mi mente, en mi cuerpo y en mí, todo el tiempo.

Unos diseñarán negocios del futuro queriendo buscar estabilidad económica o un aporte innovador a esos nuevos escenarios, otros querrán volver a lo simple y se distanciarán de la realidad “virtual” que desde ya estamos padeciendo, hay un prototipo muy curioso que es el de aquella persona que aprende a ignorar lo de afuera y vive desconectado de su entorno y concentrado solamente en el progreso y el bienestar de su pequeño circulo social.

Y estamos los que decidimos parir para seguir creyendo.

Me he vuelto pudorosa al hablar de mi vida después de años en los que siempre hablaba de mis experiencias para poder argumentar mis opiniones sobre el amor o la familia. Supongo que se debe a la adultez y a esa distancia que vamos teniendo con la exposición innecesaria. “La paz que da estar en lugares menos transitados, más nuestros” leí hace poco en las cartas a la dirección de un periódico.

El caso es que hoy quise compartir mi optimismo, reconociendo que mi decisión no es ni popular, ni fácil y para algunos tampoco será la más responsable.

A algunos les irá bien eligiendo un optimismo de euforias escasas, a otros nos da paz elegir el optimismo de la cotidianidad descubriendo el amor.

Nos guste o no, todos buscamos de qué sostenernos y dónde podemos encontrar esa razón para levantarnos todos los días.

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