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Las cifras conectan con el desarrollo económico, con las mejoras en el acceso a la salud, con las conquistas de los derechos de la mujer.
Por AMALIA LONDOÑO DUQUE - amalulduque@gmail.com
Muchos en Colombia venimos de familias numerosas, abuelas que tuvieron más de 8 o 10 hijos, tías y tíos con mínimo un par y una foto de todos juntos en la sala de la casa como símbolo de una conquista, del valor más importante: La familia.
Esa narrativa familiar que nos acompañó durante años y en la que el pilar y el centro eran los abuelos y una familia numerosa, ya es parte del recuerdo. No es aspiracional, como lo era antes para los nietos, sino que ahora genera incluso cierto rechazo.
El año pasado cerró con un informe del DANE que generó muchas conversaciones y que mostraba que entre enero y octubre del 2023 en Colombia se registraron 428.355 nacimientos, que reflejaban 48.756 registros menos frente al mismo periodo del 2022. Además, según datos de Profamilia, en el 2023 hubo 22.150 hombres que se realizaron cirugías con el fin de no tener hijos, la cifra de vasectomías también aumenta.
Muchos de mis amigos cercanos se sorprenden cuando me ven embarazada, no reaccionan con sus opiniones, pero muchos sí atinan en decir con cierto tono condescendiente: ¡Muy tesos ustedes! Otros más osados se arriesgan a preguntar directamente: ¿y lo buscaron? El algoritmo de Tiktok me muestra mil imágenes de partos y páginas de mamás que quieren desahogarse o de mujeres que comparten abiertamente sus razones para decidir no serlo.
Las transformaciones de los modelos familiares ya se hacen evidentes: nos demoramos más para tomar la decisión de ser mamás, cambian las estructuras en las familias y hay muchos hogares monoparentales o unipersonales: La foto de la familia ya no es la que muchos vimos en la casa de los abuelos. Sin embargo, este no es un fenómeno local. Naciones Unidas también ha publicado proyecciones que prevén que la población mundial dejará de crecer en este siglo.
Su informe es muy interesante porque además de los 700 millones de personas menos que se proyectan para el 2100 también calcula temas como la esperanza de vida: “A finales de los 50 de este siglo, más de la mitad de las muertes en el mundo se producirán entre personas que tienen 80 o más años”. Las cifras conectan con el desarrollo económico, con las mejoras en el acceso a la salud, con las conquistas de los derechos de la mujer.
No creo que sean tendencias negativas, lo veo más bien como una consecuencia del desarrollo y de nuestra misma evolución, aunque el tema tiene sus matices y otras nuevas conversaciones que deben abrirse como las políticas públicas de atención a la población adulta, la economía del cuidado o los cambios en las formas de habitar.
Estamos en la era de los cambios, atravesamos una pandemia y apenas somos conscientes de cómo nos estamos moviendo, de cómo todo se transforma.
Importante vivirlo con la consciencia plena de nuestras convicciones y prioridades, importante momento para parar y pensar si decisiones tan contundentes como las de ser o no ser papás, las tomamos en un torbellino de imágenes e información o en la calma de una conversación sobre la idea de familia que buscamos.