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No creo que a presidentes en Latinoamérica les suspendan sus cuentas, lo que sí creo es que quienes promueven el odio y la división, se queden hablando solos en ese espacio.
Por Amalia Londoño Duque - amalulduque@gmail.com
Recuerdo el momento en el que conocí Twitter, estaba en mis últimos semestres de universidad y una profesora nos presentó la red social.
Dos años después, me reencontré con mi cuenta. Twitter seguía sin ser muy protagonista, eran mensajes cortos, una comunicación muy informal entre desconocidos. Me llamó la atención para compartir pensamientos y eliminé mi cuenta anterior para crear la cuenta que hasta hoy sigo usando.
Al principio éramos un montón de curiosos compartiendo ideas sin ninguna pretensión, había pocos políticos con cuentas activas y la red en Colombia no tenía mucha fuerza. Sin embargo, rápidamente después de la campaña presidencial de Barack Obama en 2008, Twitter empezó a tener otro tono. Obama fue uno de los primeros en reconocer el potencial de esta red social para comunicarse de una manera más directa con la gente, seguramente sin medir el alcance de ese primer uso de Twitter en la política.
Un informe de la universidad de Nueva York en 2020 reveló que alrededor del 10% de los usuarios de Twitter, hoy llamado X, generan el 80% del contenido político de esta plataforma y que este grupo de usuarios es altamente polarizado. El informe es de Estados Unidos, aún no tenemos datos con buenas muestras en Latinoamérica que nos revelen el panorama en esta región.
Si se llega a medir aquí, no creo que haya una gran diferencia considerando que el uso de estas redes sociales por parte de lideres políticos ya es una discusión en casi todo el mundo.
Recordemos por ejemplo a Trump en 2021. El ex presidente usó Twitter de una manera tan polémica durante un tiempo, que su cuenta fue suspendida el 8 de enero de ese año tras el asalto al capitolio de estados unidos por sus seguidores.
Twitter justificó la suspensión diciendo “hay riesgo de mayor incitación a la violencia”.
Tras ese hecho, en un artículo publicado en The Atlantic titulado “the president is not well” argumentaban que los mensajes que publicaba el presidente en Twitter, mostraban signos de problemas mentales graves.
Y es que muchos notamos hoy como el presidente, alcaldes y políticos, terminan por perder el control en esta red social, publicando mensajes que hasta en su digitación, denotan afán, rabia y reacciones inmediatas sin mucha reflexión antes de compartir.
Los últimos meses, por ejemplo, Petro ha tuiteado hasta más de 10 mensajes durante un solo día, la mayoría de ellos lanzando graves acusaciones a la prensa y directamente a personas opositoras a su gobierno.
El uso de X por parte de Petro no es un fenómeno aislado. Hay una clara intención de desacreditar a otros y difundir desconfianza en los medios y en las instituciones.
No creo que a presidentes en Latinoamérica les terminen suspendiendo sus cuentas, lo que sí creo que puede pasar si actuamos con mayor cautela, es que quienes promueven el odio y la división, se queden hablando solos en ese espacio invisible en el que hoy creen que le están hablando a todo el mundo. Llegará el agotamiento.